domingo, 6 de marzo de 2011

Ecuador. Capítulo VIII. La Amazonía, 2º día

Nuestro segundo día en la región mítica de la Amazonia ecuatoriana fue denso.

Aun con la inevitable condición de turista, se siente la sensación de ser un descubridor.

Salimos en lancha después del desayuno, navegando hacia el río Arajuno, un afluente del Napo donde se desarrollaron nuestras actividades. Aunque estábamos en un borde de la selva, las margenes del río son espectaculares, pues los arboles y plantas crecen enmarañadamente, con gran competencia por el suelo y la luz.

De vez en cuando se ve un gigante que ha conseguido abrirse paso y tener todo el sol para él.

En algún trecho se ve un islote de piedras en medio del río, que sin duda desaparece en alguna crecida, y luego surgirá distinto.

Nuestro destino era un centro de recuperación de animales de la zona, que por causas diferentes han perdido sus aptitudes para vivir, como quien dice, por su cuenta. Antiguas mascotas, y animales heridos en diversas circunstancias, componen esta especie de zoo. Están en grandes jaulas donde tiene un remedo de la vida salvaje. Se les puede contemplar con facilidad, y como habitantes de la selva, fue los únicos que vimos del reino animal. Los que viven en libertad deben estar en la parte menos frecuentada por los curiosos hombres.

Este centro de recuperación tiene algunos voluntarios internacionales que lo cuidan. El que nos atendió a nosotros era un joven alemán, que llevaba un año en el centro; chapurreaba el español y estaba en un proceso de asimilación con las criaturas que tenia que cuidar, pues no parecía haberse lavado y menos peinado, ya que llevaba rastas, en meses.

Vimos allí diversos animales, que parecían contentos en su "libertad vigilada", varias especies de monos, enormes ratas acuáticas amazónicas, tucanes, araras, guacamayos, peces, no se si seria la famosa piraña, pequeños caimanes, tortugas...etc.

Pasamos un rato entretenido.

Lo siguiente fue una diversión no conocida anteriormente por mi. Se llama "tubing" y consiste en, metido en una enorme rueda neumática, ponerse en el río y recorrer un buen trozo arrastrado por la corriente.

Para ello habíamos cogido en el hotel, provisto de todo lo necesario, cada uno nuestra rueda, que se había cargado en el techo de la lancha.

La lancha en la que veníamos del Centro de recuperación de animales, varo en una playa fluvial y cada uno, con su correspondiente salvavidas se metió en la rueda, después de recibir unas someras instrucciones sobre el manejo de la misma en el río.

Aquí cada uno demostró mas o menos pericia, según sus habilidades. Mi marido se coloco con maestría en el centro del río, donde estaba la corriente y llegó de los primeros a la meta, formada por las lanchas. Yo tarde un rato en salir de una zona de calma a la que había ido a parar. Tuve que poner en practica las instrucciones utilizando los brazos de remos con la posición del cuerpo casi en horizontal, para llegar a la corriente.

Algunos no lo consiguieron, otro se paso de la meta y al querer volver a la lancha, contra corriente, remo inadecuadamente y se hizo unas extensas quemaduras en los brazos, por el roce con el neumático que le amargaron el resto del viaje.

Nosotros lo encontramos bastante divertido.

Por la tarde fuimos de nuevo en lancha, hasta un poblado quichua, que es la etnia que ocupa esta región.

Al dejar la lancha se camina un rato por la selva, digamos, domesticada; poniendo buena voluntad se puede ir haciendo de explorador.

Vimos madera de los arboles circundantes, ya convertida en tablones. Plataneras, grandes arboles con hormigueros en lo mas alto, diversas plantas medicinales, que usan para sus males menores y finalmente un vivienda quichua.

En ella C., nos explico que estabamos en la sala común, donde había un hogar para el fuego, cuyo humo sirve para ahuyentar a los insectos, y diversos utensilios y cacharros, en la que se desarrolla la vida familiar en común;

nos presento a una sra. dispuesta a mostrarnos como se confecciona la "chicha", bebida muy apreciada en extensas regiones del subcontinente, consumida en Ecuador en la serranía y en la amazonía.

De origen prehispanico, procede principalmente de la fermentación, no destilada del maíz y otros cereales americanos. Es una bebida suave de poca graduación alcohólica, cuya elaboración, casera, está encargada a las mujeres.

Nos contaron que cuando los hombres regresan del trabajo, o los niños de la escuela, van a la vasija de chicha y calman su sed con esta bebida, que encuentran estimulante y agradable.

Despues de la demostración de la confección de la bebida, que antes incluía el masticado de la parte solida de la misma, ahora sustituido por un rallado de la misma, nos fue ofrecida la prueba, de una vasija preparada anteriormente.

No puedo decir que me resultara agradable ni metérmela en la boca, ni tragarla, ni su sabor, parecido a la leche agria, pero como buen turista, acostumbrada a las excentricidades de esta "profesión", tome un buchito y lo trague. Creo que tampoco fue demasiado apreciada por ninguno de los presentes.

Puesto que estábamos en la selva, C, nos hizo una demostración de habilidad con la cerbatana, instrumento que usan o usaron los nativos del territorio, para cazar principalmente.

Provisto de una larga cerbatana, de los dardos correspondientes y con un mono, de trapo o similar, como blanco, enarbolo el arma y con un solo soplido le dio en medio del cuerpo. Ohhh! dijimos todos.

Invitados a repetir el tiro, nadie lo logro, de los que se atrevieron, aunque algunos estuvieron cerca y mandaron la flecha lejos. Hay que haber entrenado para conseguir el tiro certero.

El sol, que en la Amazonía se pone como en todo el país a las seis, iba declinando; teníamos que volver.

El viaje en lancha hasta el hotel fue tan bonito, como todos los otros por el río.

Salieron a despedirnos unas chicas que debian vivir en el pequeño pueblo, con niño en los brazos.

Llegamos al pequeño puerto de Ahuano, donde nos esperaba la explicación y contemplación del arte, primitivo pues es sin torno, de la cerámica que hacen los quichuas.

En un recinto adecuado, la madre de nuestro guía, nos explico e hizo una vasija con las manos, que le quedo perfecta de proporciones y acabado.

Al lado había una pequeña tienda donde se vendían sus obras. Adquirimos una, ya que nos pareció un proceso muy habilidoso.

Volvimos a la Casa del Suizo, atravesando el pueblo. Allí la vida parece plácida, transcurre con su propio y calmo "tempo"; todo parece hecho sin prisas.

Otro coctel después de cenar cerro el día, que había sido interesante.

La molestia, que me duro días, ya se me había presentado. Me sorprendí rascándome con furia las piernas. Durante el "tubing" y mas aun en la visita a la casa quichua, me habían acribillado los mosquitos. Cosas de la selva, me dije con resignación...

2 comentarios:

  1. Veo que ya estáis entrenados para hacer el descenso del Sella con nosotros!

    Lo del tiempo me ha recordado mis años en Brasil. Es verdad que tienen un concepto diferente, viven la vida con calma. Me costó acostumbrarme pero aprendí y ahora pienso que tienen razón: correr, para qué? Prefiero disfrutar el momento, pausadamente.

    Besos

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  2. Las apariencias engañan. Hoy me duele el cuello, me da la impresión de que lo tengo contraido, ¿será de los ejercicios de pilates de ayer, o de la falta de ejercicio de hoy?

    Está lloviendo a ratos todo el día.

    La Amazonía que visitamos, el borde de la selva es un lugar para quedarse tranquilamente mas días de los que disfrutamos. Es calmo y relajante.

    Besos

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