lunes, 16 de mayo de 2011

Ecuador. Capítulo XV. Islas Galápagos. Cuarto día

El lugar que íbamos a visitar hoy, Bahía Tortuga, no esta demasiado lejos de Puerto Ayora, a solo 3 km.

Nos fue ofrecido ir en lancha o andando. Escogimos esta segunda opción para llegar a la playa y la lancha para volver.

Es una caminata agradable, por un sendero asfaltado, sin ningún problema. Se va viendo algo de la flora de la isla, que se extiende a los lados.

Después de alrededor de una hora llegamos a nuestro destino, Bahía Tortuga.

La Playa de Bahía Tortuga, es uno de los mas espectaculares lugares de la isla Santa Cruz y probablemente, del archipiélago.

Cuando llegamos no había nadie mas; solo las aves,

las iguanas

y la inmensa playa de finas y blanquisimas arenas coralinas.

Fue como un paseo por un mundo recién creado.

El nombre de la bahía se debe a las tortugas marinas que van a desovar en la playa.

Son de la especie Chelonya midas, única de las Galápagos, y la mas numerosa del Océano Pacifico, por la facilidad de anidación en las islas.

En las dunas crece la Nolana galapagensis, planta endémica que ayuda a estabilizar las zonas arenosas, y debajo de la cual tenían establecido su campamento las iguanas marinas, que habitan allí en gran cantidad.

Una punta rocosa y las dunas, separan la gran playa de grandes olas, que es utilizada por los deportistas para practicar surfing, de otra mas pequeña y resguardada, donde es posible bañarse sin el menor peligro.

La playa está rodeada de manglar rojo.

En ella tomamos un baño muy agradable, pues aunque no había un sol radiante, el que se filtraba a través de la nubes, y la buena temperatura ambiente, era suficiente para que no se notara, siquiera, la entrada en el agua.

Al empezar la excursión nos habían provisto de gafas, tubo y aletas para practicar snorkel, deporte de submarinismo de superficie, muy popular en las islas, pero en aquella bahía casi cerrada, donde no se veían rocas, mas que cubiertas de vegetación, ni siquiera lo intente.

Otros compañeros, con mas vista, no habían cogido estos instrumentos, y no habían tenido que cargalos en la caminata de Puerto Ayora hasta la playa.

Seguimos explorando el entorno. Subimos a las rocas cercanas donde había muchos ejemplares de una de las aves mas celebradas de la isla, el alcatraz o piquero de pata azul.
(Sula nebouxi)

Este pájaro, digno habitante de la isla, pues hace honor a su fama de no asustarse por la presencia del hombre, aun de muy cerca, es lindísimo, como se puede apreciar en las fotos.

Aunque parezca mentira sus patas son de ese color, de ahí su nombre.

Se estima que alrededor de 40.000 ejemplares habitan en las islas.

También había pelicanos, que parecían convivir, sin problemas, con los piqueros.

Cerca de las rocas donde habitan piqueros y pelicanos, había un "bosque" de cactos (Cactus cactus).

Esta planta suculenta, capaz de almacenar agua en sus tallos y hojas, es la mas común en el árido interior del archipiélago.

Su curiosa forma de candelabro está elaborada por la naturaleza para orientar el agua hacia la base de la planta, ofreciendo sombra, con sus anchas y espinosas hojas, para impedir la evaporación de la misma. En muchas zonas de las islas esta planta es único alimento de los reptiles, (tortugas, lagartijas, iguanas).

Tienen un inquietante aspecto, de épocas muy lejanas de la Tierra.

Contemplamos, desde estos murallones, la tranquila playa donde nos habíamos bañado, y allí mismo, montamos en la lancha, llamada en estas latitudes panga, para regresar a Puerto Ayora

El mar iba azotando nuestras caras y brazos, con la rápida marcha de la lancha, pero valía la pena mojarse. Pudimos ver alguna tortuga marina, algún lobo marino, nadando por las aguas
abiertas.

Al pasar por los acantilados, se podían ver las colonias de aves que anidan en ellos.

Después llegamos a Puerto Ayora, donde dembarcamos. Los lobos marinos se reposaban como de costumbre en las balsas de madera.

Después de un malentendido sobre el número de equipamientos para el snorquel, que por cierto no habían servido de nada, y de poder observar una cierta cerrazón mental del encargado de contarlos, seguimos hacia el hotel, donde íbamos a comer.

Según nuestro guía galapageño, B., que era un chico despierto, los habitantes de las islas han sufrido una reconversión, a la cual, todavía se están adaptando. La vida anterior que llevaban, antes de lo que podríamos llamar "desarrollo" y mas propiamente, avalancha turística, en aumento en estos momentos, los ha hecho pasar de una vida plácida, disfrutando de templada y buena temperatura constante, de bonitos paisajes , tanto geológicos, como vegetales y animales y de pocas necesidades para alimentarse y vivir, con mucho tiempo para el ocio y la tranquilidad, a la loca carrera por la ganancia, el dinero, el consumo...

Por lo visto les esta costando adapatarse, y se comprenden así ciertas actitudes, y algunas deficiencias de comprensión. Me parece que "su paraiso" se esfuma, si es que queda algo de él.

Para después de la comida había preparado una interesante visita a los túneles de lava del propio hotel, cuyos terrenos tienen mas de 500 ha.

Todo el terreno esta lleno de hoyos, cuevas y túneles o tubos de lava. Tienen uno de ellos, el mayor, muy bien acondicionado para la visita, con escaleras e iluminación, para verlo bien y sin peligro; aunque hay que tener cuidado de no tropezar...

El túnel o tubo de lava se forma cuando, en una erupción volcánica, como es el tipo en Ggalápagos, la colada de lava fluye por un terreno de pendiente moderada. La superficie de la colada al entrar en contacto con el aire, mas frío que la lava, se solidifica, creando una excelente aislante térmico para la lava interior, que sigue fluyendo.

La lava puede recorrer así grandes distancias, llegando incluso a desaguar en el mar.

Al descender el aporte de lava, se empieza a formar la cavidad, cuya largura y anchura dependeran del tiempo en que la lava incandesdencente discurra por el tubo, pudiendo formarse una sola galería, como en el túnel que vimos el primer día en la isla, o verdaderos laberintos interconectados, como es el del territorio del Royal Palm.

El recorrido del túnel fue muy bonito.

Se entra por un lado lleno de vegetación, y flores, y se sale por otro distinto.

Un hombre joven, personal del hotel, nos lo mostró y dirigió todo el recorrido.

Al volver a la habitación un pinzón de Darwin, picoteaba cerca de la entrada. Aquí lo dejo retratado.

Ya habiamos acabado nuestro parcial, pero interesantisimo, recorrido en las islas Galápagos.

Para la despedida el chef nos ofreció uno de los platos emblemáticos de la costa del Pacífico del cono sur americano; el cebiche.

Pero, tan poco como me había gustado la primera vez que lo probé en Puerto Villamil, me gusto esta segunda vez.

No es algo que yo vaya a hacer en mi cocina.

3 comentarios:

  1. Bañarse en el mar con temperatura ambiente y del agua igualada! ¡Qué privilegio! Estoy tan hartísima de este tiempo y de no ver el sol que se me antoja de ciencia ficción!

    Besos

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  2. Me parecieron muchas cosas de las vistas y sentidas en estas islas Galápagos, que el baño en la playa de Bahía Tortuga, no deja de ser una sensación agradable la del agua a la misma temperatura que el exterior, y consederando que era una pequeña parte del oceano pacifíco resulta hasta exótico, para nosotros,

    Comprendo que estes harta del tiempo. En esta época resulta muy cansino.

    Besos

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  3. Veo que tengo que ponerme al día. Cuando la tranquilidad se sobreponga a la zozobra iré disfrutando poco a poco de cada imagen de tus viajes.
    Ahora se me antoja un sueño maravilloso pisar esa blanca arena e imaginar sólo la brisa, el susurro de las olas y las aves.
    Precioso reportaje.
    Besín

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