viernes, 13 de enero de 2012

Elektra en el Teatro Real de Madrid

La temporada de este año comenzó con la ópera de Richard Strauss Elektra.

Se puede decir que un clásico.
 
Richard Strauss, compositor alemán nació en Munich (1.864-1.949) en el seno de una familia de la alta burguesía, con muchos de sus miembros dedicados a la música, recibió una educación musical completa desde su infancia, revelándose como un niño prodigio de la música.

Escribió su primera composición a los seis años y continuo componiendo música durante ochenta años, casi hasta su muerte.

Después de escribir varios poemas sinfónicos, alguno de los cuales ha llegado a las grandes masas, recordemos Así hablaba Zaratrusta, que comienza la película 2.001, una odisea del espacio, de Stanley Kubrik, entrado el s. XX su principal dedicación se dirigió a la ópera.

En 1.905 Strauss asistió en Berlín a una representación teatral de Elektra, y quedo fascinado por el personaje, decidiendo que sería el tema de su nueva opera.

En 1.909 fue estrenada Elektra, en la Ópera de Dresde. Ópera en un acto, con libreto del poeta, dramaturgo, narrador y ensayista austriaco Hugo von Hofmannsthal, con el cual Strauss colaboro en otras cuatro óperas.

La obra conmociono a la sociedad de la época, que no gusto de ella, y fue saludada con criticas adversas.

Hoy día tenemos otra visión de esta ópera, y aunque no es un texto, ni una música, fáciles, es tan conmovedora, describe los sentimientos de Elektra, sus deseos y visiones tan vividamente, que llega al fondo de alma.

Elektra, considerada hoy día como una obra clásica del repertorio operístico, esta basada en la tragedia, del mismo nombre, del dramaturgo de la Antigua Grecia, Sófocles.

El tema principal es la venganza. Elektra, hija de Agamenón y Clitemnestra, quiere vengar el asesinato de su padre, cometido por su madre con ayuda de su amante Egisto, a su vez, como venganza contra su esposo por haber sacrificado a los dioses su hija Ifigenia.

Clitemnestra tiene miedo de la venganza de sus hijos Elektra, Crysostemis y Orestes, que ha desaparecido y sobre el cual llegan noticias de que ha muerto

Elektra, que vive enloquecida, fuera del palacio, vestida de harapos como una pordiosera, trata de implicar a su hermana Crysostemis en los planes de venganza, pero esta, que tiene un carácter mas dulce y pacífico, solo quiere ser como las demás mujeres, esposa y madre, no quiere saber nada de los proyectos de Elektra.

Una escena escalofriante transcurre entre Climtenestra y Elektra; la primera le habla de las pesadillas y terrores que sufre, mientras Elektra demuestra no conmoverse, en modo alguno, con los sentimientos de su madre.

Sigue mostrándose desesperada, mientras busca como realizar su venganza.

Tiene un momento de alegría cuando aparece Orestes, al que creían muerto; está dispuesto a vengar la muerte de su padre, asume su papel justiciero y mata a Climtenestra y a Egisto.

Elektra transportada al éxtasis, baila una demencial danza triunfal y cae muerta, ante el horror de los guardias de palacio.

La ópera difiere de la tragedia de Sófocles, tanto en el final, donde contrariamente a la tragedia griega, Elektra muere, como en la patente influencia del psicoanálisis, muy en boga en esos años de primeros del s. XX, en los personajes.

También desaparece el motivo del asesinato de Agamenón, al no citar el odio de su esposa por el sacrificio de la hija de ambos, Ifigenia, al comienzo de la guerra de Troya.

Una terrible atmósfera de horror impregna toda la obra de Strauss y Hofmannsthal. Se siente físicamente, mientras Elektra canta su sed de venganza y sus propósitos.

Elektra es una opera de contrastes, donde la disonancia y la atonalidad, que incluye abundante percusión, conviven con temas de gran lirismo. Un compendio de los recursos armónicos de las vanguardias musicales del s. XX.

El montaje de la producción, en el Teatro Real, es del fallecido gran director de escena alemán, Klaus Michael Grüber, que ha transformado el palacio de Micenas en una sobria estructura de hormigón armado, que ayuda mucho a crear una atmósfera de decadencia y agonía.

El día en que asistí, 12 de octubre, tuvimos el primer reparto en cuanto a los cantantes. Me parecieron extraordinarios, dada las exigencias de la obra.

La orquesta fue dirigida por el director ruso, nacionalizado estadounidense, Semyon Bychkov, que consiguió, con la orquesta del Teatro Real, una impactante tensión dramática como requiere esta ópera.

Realmente me sentí clavada en la butaca.

Esta ópera, predominantemente femenina, tiene tres exigentes roles para las tres sopranos que intervienen, soprano (Elektra), soprano joven (Crysostemis) y mezzosoprano o contralto (Climtemnestra)

Elektra fue interpretada por la soprano norteamericana Christine Goerke, que escuchaba por primera vez, que estuvo soberbia. ¡Qué fuerza, qué empuje le dio al personaje atormentado!

A la soprano norteamericana Jane Henschel, que fue Climtemnestra, ya la había oído, hace un año, en el papel de cofundadora de la ciudad, en la ópera de Kurt Weill, Ascensión y caída de la ciudad de Mahagonny, en este mismo teatro. Interpreto a la perfección su personaje, prestándole toda su experiencia, aunque, por su edad, la voz ya va a menos.

Crysostemis estuvo a cargo de la soprano alemana Manuela Uhl, que también estuvo soberbia, con un canto perfecto para su personaje y gran interpretación dramática.

La histérica danza final, fue interpretada a base de grandes patadones, por la soprano; gracias a la magnifica música, me pareció hasta bonita.

Una Elektra muy impactante y conseguida.

2 comentarios:

  1. Yo ví la representación de la Elektra de Sófocles en el anfiteatro de Mérida. Le pega mucho la muerte final de Elektra en esta ocasión al argumento: la venganza en una motivación. Una vez alcanzado el objetivo, no tiene más razón de ser Elektra.

    Besos

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  2. Tienes razón. Tal como se presenta a Elektra en la ópera la única salida es su muerte. No sé si en la trafedia de Sófocles el personaje es tan exyremo o es mas cerebral y frío.

    En todo caso me ha gustado tu comentario. Al haberla visto en el teatro, y qué teatro tan adecuado, aporta a la comprensión del argumento, lo de la música ya es harina de otro costal. Necesita de entrenamiento.

    Besos

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