martes, 19 de junio de 2012

La clemencia de Tito. Ópera en el Teatro Real de Madrid

El pasado día 17 de febrero asistí al tercer título de mi abono, en el Teatro Real de Madrid.

La obra a representar era La clemencia de Tito, la última ópera compuesta por Mozart, estrenada en el Teatro Nacional de Praga en septiembre de 1.791.

El libreto, del escritor y poeta italiano, autor de otros muchos libretos, Pietro Metastasio (1.698-1.782), está basado en fragmentos de la Vida de los Césares, de Suetonio ; Caterino T. Mazzolà, poeta oficial de la corte vienesa, trabajo con Mozart para resumir el extenso original, y reducirlo de tres, a dos actos.

Existen al menos treinta y nueve óperas con el mismo libreto, la primera con música de Antonio Galdara, estrenada en 1.734, compuesta para commemorar el santo del emperador Carlos VI.

Mozart recibió el encargo de componer, con este mismo libreto, una ópera para la coronación, como rey de Bohemia, del emperador Leopoldo II, nieto de Carlos VI, para lo cual dispuso de unos quince días.

Aunque el tipo de ópera seria metastasiana se hallaba lejos del ideal dramático de Mozart, este escribió algunas de las mas bellas arias salidas de su inspiración, además, digamoslo así, de "modernizar" en lo posible, la estructura teatral del texto.

El genio de Mozart consiguió una ópera impregnada, como dice el arqueólogo e historiador del clasicismo Winckelmann, de noble sencillez y serena grandeza.

El argumento, tomado por Metastasio de las Vidas de los Césares, del historiador romano Suetonio, está protagonizado por el emperador Tito Flavio Vespasiano (79-81 d.C),

durante cuyo breve mandato acontecieron sucesos como la erupción del Vesubio, que sepulto a las ciudades de Pompeya y Herculano, las cuales aparecen en el libreto para encarecer la munificencia de Tito, que entrega, a los damnificados por la erupción, los fondos destinados a la construcción de un templo, oportuna invención del poeta.

Una de sus obras mas conocidas fue la construcción del Coliseo Romano, uno de los mas importantes monumentos de Roma, que se contempla, todavía hoy día; aunque por supuesto nada de esto aparece en el argumento de la ópera.

Esta tiene por objeto exaltar la figura de Leopoldo II, identificandolo con el emperador romano Tito, que demuestra una clemencia extraordinaria hacia sus allegados, que quieren asesinarlo, perdonandoles la vida.

La intriga es un tanto liosa y liante como sucede en muchas óperas.

Tito debe elegir esposa y en lugar de optar por la conveniente, Vitelia, que espera ser la elegida, opta por seguir su corazón enamorado y elige a la joven Servilia, que a su vez ha entregado su amor a Annio.

Vitelia despechada, encarga el asesinato del emperador a su amante, Sexto.

Pero Tito enterado de que Servilia ama a otro, renuncia a desposarla y vuelve sus ojos hacia Vitelia. Al conocer que va ser finalmente la elegida como futura emperatriz, Vitelia tiene que abortar el complot y es entonces cuando todo es descubierto.

Si no hubiera sido poca la comprensión de Tito hacia los amores de su anterior elegida, ahora demuestra una sin par clemencia hacia los autores del proyecto de magnicidio, Vitelia y Sexto, perdonandoles la vida, manteniendo que la clemencia es superior a la venganza, decisión política que es aplaudida por el pueblo.

No es argumento menor, ya que plantea la posibilidad de ejercer la política de otra manera, la necesidad del perdón ante las ofensas, la superioridad de la sinceridad ante el engaño.

Una bonita utopía, finalmente.

En un primer momento la ópera no tuvo gran aceptación entre el público burgués de Praga, por su argumento aristocrático, pero mas tarde fue la ópera mas representada de Mozart, hasta mediados del s. XIX.

En el Teatro Real, la escenografía era, un montaje recuperado, con mas de 30 años de antigüedad, aunque al ser "minimalista" parecía recién concebido.

En efecto, el diseño escénico del matrimonio Ursel y Karl-Ernst Hermann, inicio su andadura en 1.982, en Bruselas, impulsado por el actual director artístico del Teatro Real, Gerard Mortier, siendo luego usado tanto en el Festival de Salzburgo, como en la Ópera de Paris, lugares donde Mortier ha sido también director, así que se le puede considerar una creación suya.

Según vengo observando en las temporadas dirigidas por Mortier, tanto sus antiguos montajes, como sus amigos, van desfilando por Madrid uno a uno, no en vano este director, que tiene bastantes años, ha tenido  responsabilidades en diferentes teatros y festivales del mundo, y tiene muchos amigos.

Otra cosa es que el público aficionado a la ópera de Madrid, coincida con sus gustos, que mas bien es que no, a juzgar por los muchos huecos que se pueden observar en el aforo, y las deserciones durante las representaciones.

Volvamos, ahora, a La clemencia de Tito.

La puesta en escena me pareció extraordinariamente fría, tanto en si misma, como en referencia al argumento.

Un escenario totalmente cuadrado en tonos blanquiazules, que me recordaban a un cuarto de baño, en el que la nota de color la pone Vitelia, que aparece, con al menos, cuatro esplendidos trajes de noche, de diferentes y vivos colores, que no desmerecerían en una recepción o cena con reyes y príncipes.

El atuendo de los demás personajes es mucho mas anodino; quizás destaque, por inadecuado, el vestidito infantil de Servilia, que no le favorece ni a ella, ni al personaje.

De vez en cuando la puerta del frente, se abre y deja entrever un patio con columnas, distracción mínima dentro de la austeridad ambiental, que hace lamentar que el esplendido escenario del Teatro Real, no haya sido aprovechado para ofrecer algo mas vistoso.

En cuanto a la música, Mozart despliega en ella su genio, dotándola de frescura, transparencia y elegancia, con números corales de gran efecto.

Se ha hablado mucho de la gran cantidad de recitativos; algunos musicólogos consideran que ciertos de entre ellos no son de la pluma de Mozart, pero, esto es para expertisimos. A mi me gustan muchos los recitativos, y estos me encantaron.

Hay cuatro magnificas arias y la parte coral es muy bella.

Respecto a los interpretes desenvolvieron bien su tarea, aunque de ninguna manera prodría decir que fueran tan excelentes como la música.

La joven soprano estadounidense Amanda Majeski en el papel de Vitelia, tuvo una gran presencia, ataviada como iba con espectaculares trajes de noche de ahora mismo. Actuó de una forma un tanto histriónica y parecía que gritaba, en vez de cantar, en algunos momentos, aunque luego se templo y resulto mas agradable de oír.

El personaje de Tito corrió a cargo del tenor francés Yann Beuron, que contrariamente a Majeski, tiene pocas dotes interpretativas y resulto un tanto estático. En cuanto al canto creo que se quedo algo corto, como falto de aliento, aunque remonto en algunos momentos.

Los otros dos papeles de hombres están hechos para dos voces que hoy día interpretan dos cantantes femeninas, aunque seguramente eran para castrati.

Sesto estuvo a cargo de la mezzosoprano estadounidense Kate Aldrich, que fue la mejor de la noche, con buena voz y buen canto.

A distancia la siguió la mezzo argentina Maria Savastano como Servilia, que me gusto bastante.

Los demas cumplieron con su papel; el coro excelente, como nos tiene acostumbrados este coro del Teatro Real.

El director alemán Thomas Hengelbrook llevo la orquesta sin brillo, pero con corrección. No me entusiasmo, pero reconozco su mérito.

En conjunto una interesante producción, de una de las óperas poco representadas, y poco conocidas obras de Mozart, pero tan atractiva como todas las suyas.

2 comentarios:

  1. Pues a juzgar por el resumen, parece que fue un poco decepcionante: el montaje, los cantantes y por supuesto el sr. Mortier. Pero supongo que una obra de Mozart, aún así, se podrá disfrutar enormemente.

    Me estoy leyendo los 12 césares de Suetonio. Muy interesante.

    Besos

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  2. Mas que decepcionante, algo fría. Uno siempre espera que la múica de Mozart, vaya envuelta en algo de ese tan alto nivel, pero eso es dificil.

    La representación se mantuvo adecuadamente, incluso con sus carencias; nada que ver con los horrendas puestas en escena de otras obras, como la última a la que asisti esta temporada, Popea y Nerón, que ya comentare en otra entrada.

    Besitos

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