sábado, 15 de junio de 2013

Marbella y Puerto Banus

                                                                                

La tarde del primer día en la costa del Sol la empleamos en conocer una de sus mas emblemáticas poblaciones: Marbella.

Marbella es conocida por ser lugar de veraneo y residencia en algunos casos, de la jet set. Ricos y famosos, se dan cita en ella, frecuentemente en verano, y también a lo largo del año.

Marbella, nombre de origen incierto, tiene casi 140.000  residentes, con mas del 15% de extranjeros, sobre todo comunitarios, que aumentan cerca del 30% durante la estación veraniega, llegando, según unas fuentes, a 500.000 y según otras a 700.000 habitantes.

Situada en una  franja de tierra, totalmente urbanizada, solo quedan sin edificar los campos de golf y alguna pequeña zona residual, al pie de Sierra Blanca, aunque en el extremo oriental del municipio aun  se conserva una zona de dunas: las Dunas de Artola.
                                                               

 Debido a la proximidad de la sierra con la costa, la ciudad presenta un gran desnivel entre el norte y el sur del municipio, propiciando vistas del mar y de la montaña desde casi todos los puntos de la ciudad.

No cabe duda, como así lo atestiguan los yacimientos arqueológicos, de que la franja litoral entre el mar y la Sierra Blanca estuvo poblada desde el Paleolítico por seres humanos, de los que se han encontrado fosiles, que habitaron en cuevas, con pinturas rupestres y fabricaron utensilios líticos .

Los fenicios llegaron a estas costas, donde fundaron factorías comerciales, se han encontrado restos de una de ellas del s. VIII a.C.

Después de la conquista romana se produjo un gran impulso al comercio, con la implantación de fábricas de salazones y producción de garum, salsa hecha con vísceras de pescado fermentadas, que era considerado en la antigua Roma como afrodisiaco, usada para proporcionar sabor salado a los alimentos a lo largo y ancho del Imperio romano. Quedan de esta época tres capiteles jónicos incrustados en la muralla, una villa romana y las termas de Guadalmina.

A la caída del Imperio romano el territorio fue ocupado por los visigodos que han dejado los restos de una basílica Paleocristiana, construcción singular de doble ábside, única en España.

Tras la invasión islámica de 711, el poblamiento fue escaso; después de doscientos años se construyo el castillo, para vigilar la costa, acosada por piratas vikingos.

En el año 1.483 el rey Fernando el Católico la reconquisto, procediéndose a un repoblación con gentes venidas de variados lugares.

Personaje ilustre de esas épocas fue Alonso de Bazán, Corregidor de la villa, que dono en su testamento, para la beneficencia, el Hospital de la Encarnación, conocido también como Hospital Bazán.

Después de sufrir los desastres de la invasión francesa de Napoleón y la subsiguiente Guerra de la Independencia, la economía continuo, como siempre, dependiendo de la agricultura, el comercio y la pesca, aunque está última disminuyo drasticamente por los ataques de los vecinos del sur, que infestaban de piratas el mar Mediterraneo.

Fue en el s. XIX cuando se descubrió un importante yacimiento de hierro magnético en Sierra Blanca, que propicio la instalación de empresas de extracción del mineral y la construcción de los primeros altos hornos, de uso civil, en España.

La promulgación de nuevas leyes que favorecian la agricultura, facilito la creación de colonias agrícolas como las vecinas a Marbella, San Pedro de Alcántara y El Ángel; esta última se convertiría, con el tiempo, en el germen de uno de los lugares de gran lujo del litoral andaluz: Puerto Banus, que veremos mas tarde.

Así discurría el devenir de Marbella, hasta que en los años 50 del siglo pasado, una serie de promotores turísticos, algunos aristócratas y otros empresarios, como su descubridor y principal promotor Ricardo Soriano, marques de Ivanrey, su amigo Norberto Goizueta, y mas tarde el príncipe Alfonso de Hohenlohe, y Jaime de Mora y Aragón, hermano de la reina Fabiola de Bélgica, entre otros, se trasladaron a vivir a Marbella, la desarrollaron turisticamente y la cambiaron para siempre, convirtiendo la localidad en una de las mas sobresalientes del panorama turístico internacional.

En 1.954 se abrió el Hotel Marbella Club, inaugurando la Milla de Oro, que continua prestando sus servicios.
                                                                       

En los años 70 llego el rey de Arabia Saudi, Abdul Aziz al-Saud, que adoraba Marbella, y  que significo gran bienestar para todos los ciudadanos que formaban parte de su servicio, por los generosos sueldos que pagaba. El rey paso muchos veranos en su mansión de Marbella, una reproducción, no se si a escala, de la Casa Blanca del Presidente de E.E.U.U., en Washington, en un altozano y casi oculta a miradas indiscretas.

No puedo, para hacer honor a la verdad, dejar de mencionar el escandalo del urbanismo en Marbella, cuya investigación judicial con el nombre de Operación Malaya, continua en estos momentos.

El modelo de corrupción, tanto urbanística como de blanqueo de capitales, protagonizado por el Ayuntamiento de Marbella, ha contado con la colaboración, en cuanto a permisividad, de la Junta de Andalucia, que lo ha tolerado y ha mirado hacia otro lado durante muchos años.

Lo que ha sido instruido y juzgado hasta ahora solo es una pequeña parte de lo allí acontecido, y hay para años. Una verdadera pena, tanto por el robo sistemático a todos los ciudadanos, amparándose en el poder político, como porque Marbella se ha llenado de cemento y ha importado al litoral andaluz este corrupto modelo.

Dejando, pues, en manos de los jueces y la policía tan escabroso asunto, pasemos a conocer un poco Marbella, de la cual tengo que decir que vimos principalmente su casco antiguo, muy interesante por cierto.

Cuando se habla de Marbella, solo suele referirse a los habitantes y visitantes de la jet set, sus veraneos, sus fiestas, en otro tiempos mas abundantes, y con mejores asistentes que en la actualidad , y el lujo desplegado en esta ciudad, olvidando su precioso casco histórico, que fue el que nosotros recorrimos.

Antes de llegar a él, empezamos visitando el Museo del Bonsái, donde hay interesantes ejemplares, alguno con mas de 500 años, considerado el mejor Museo de olivos-bonsáis del mundo.
                                                                               

 Hasta ese momento había visto pocos bonsáis, y, sobre todo, no tantos juntos y tan antiguos, así que me resulto una visita curiosa y agradable.
                                                                                         

                                                                       

Seguidamente fuimos hasta la muralla , que conserva varios de sus paños y torres.
                                                                                  
La muralla de Marbella en la cual se integraba el Castillo, construida por los musulmanes entre los s. X y XI, y ampliada en el s. XIV, contenía la medina árabe, espacio que hoy día se corresponde con el casco antiguo de la ciudad, muy modificado tras la reconquista, siguiendo el modelo castellano.
                                                                         

Así se abrió el espacio para la Plaza de los Naranjos, cuyos antiguos edificios están ocupados hoy día por el Ayuntamiento y otras oficinas administrativas, y que hace las veces de Plaza Mayor.

La preciosa plaza está presidida por el Ayuntamiento, mandado a construir por los Reyes Católicos, terminado en 1.568 y ampliado en 1.779.


Otros dos edificios interesantes en la plaza de los Naranjos, anteriores al Ayuntamiento, son la casa del Corrregidor, con una arcada en la planta superior de la fachada de piedra, reliquia del arte castellano del s. XVI.


y la Capilla de Santiago Apóstol de 1.552, mandada a construir por Fernando el Católico para commemorar la rendición de los musulmanes de la zona, edificio sencillo, pero muy evocador.
 

Destaca la fuente central, mandada a construir por el primer alcalde cristiano, en 1.504.

Nos adentramos por el laberinto de calles, aunque no demasiado estrechas, con sus casas blancas, adornadas con flores, con sus faroles, por las que se puede pasear sin temor, ya que son todas peatonales. Vimos una hornacina con la imagen de una virgen, muchas tiendas y terrazas, todo perfectamente cuidado, que daba gusto ver.
                                                                                  


Llegamos por ultimo a la Iglesia de la Encarnación, construida en 1.618, obra de gran volumen para las dimensiones de la ciudad vieja, que inspiraría muchas de las iglesias del Nuevo Mundo.
                                                                       
                                                                       
Habíamos recorrido en gran parte del casco antiguo de Marbella
                                                                          

Para la despedida la guía nos mostró el paseo de las esculturas de Dalí, mejor dicho, atribuidas a Dalí.

Pasado el pequeño Parque de la Alameda, en dirección al mar se encuentra la Avenida del Mar, decorada en su parte central con las diez esculturas supuestamente de Dalí, aunque la Fundación Gala-Dalí nunca presto su apoyo a estas esculturas de gran tamaño, hechas a partir de pequeños originales.

Las diez esculturas, que costaron un dineral, fueron instaladas en esta avenida, durante el mandato como alcalde de Jesús Gil, polémico empresario, mas tarde primer edil de Marbella, al que los habitantes de la ciudad querían y votaban, pero siempre envuelto en casos judiciales, por su particular, y porque no decirlo, corrupta manera de gobernar el municipio.
                                                                           

En todo caso quedan muy bien en el centro de la avenida y contribuyen a la fama de lujo y riqueza del lugar.

Para acabar la tarde, subimos de nuevo al bus que nos llevo a Puerto Banus, situada a 8 km de Marbella, que debe su nombre a su promotor José  Banus, uno de los mayores atractivos de la Costa del Sol, símbolo de lujo y de alta sociedad.

La costa que va de Marbella a Puerto Banus es conocida como La Milla de Oro, ya que en ese espacio han construido lujosas mansiones, villas y castillos, multimillonarios en su mayor parte jeques, príncipes, y sus familiares cercanos o lejanos, procedentes de los países del petróleo.

Según datos estadísticos Puerto Banus es visitado cada año por 5.000.000 de personas

Al atardecer o en las noches de verano, estas gentes se reunen en los muchos bares o restaurantes del paseo marítimo y dejan dinero para el sostenimiento de estos establecimientos durante todo el año.

El puerto, alrededor del cual se ha formado el casco urbano, tiene capacidad para mas de 900 yates o embarcaciones de lujo. Fue creado siguiendo el modelo de las Marinas de la Costa Azul; el alquiler diario del amarre es el cuarto mas caro del mundo.

En el paseo marítimo están aparcados los coches de los propietarios de los yates. Puede ser uno de los lugares del mundo con mas concentración de Ferraris, Rolls-Royce, Bentley, Lamborgnini y Asthon Martin, y abundan también otras marcas como Porsche, Mercedes y BMW.

El lugar, precioso desde el punto de paisajístico, y en cuanto a  barcos,  yates y coches nada frecuentes, también satisfacía las espectativas de la visita.
                                                                                 

Paseamos por allí cerca de una hora, mientras se aproximaba el crepúsculo.
                                                                                 

 Como era domingo por la tarde había poca gente, pero la que había hacia juego con el resto del equipamiento, incluidos algunos árabes que se veía eran gente del servicio de los jeques y demás, que pasaban su día libre por allí.

De regreso a Torremolinos vimos muchos km de costa, con miles de luces, de los miles de urbanizaciones que ocupan casi todo el terreno.

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