miércoles, 8 de octubre de 2014

4º día en Fuerteventura: Isla de Lobos.Villaverde.La Oliva


En el día cuarto de nuestra estancia en Fuerteventura atravesamos la isla casi de punta a punta, pues queríamos ir al N, a Corralejo, para llegar, desde allí, a la Isla de Lobos.

Es muy interesante atravesar la isla, que tiene buenas carreteras sin curvas, ni apenas subidas y bajadas, pues es una manera de ver su impactante geología, su antiguos volcanes, grandes a lo lejos y pequeños mas cerca y el Malpaís, conjunto de lavas, que ocupa la gran llanura central, producido en las últimas erupciones sucedidas en la isla, protegido y declarado Monumento Natural del Malpaís de la Arena.
                                                                                 

Este Malpaís es un espacio que ocupa mas de 3.250 ha, de gran singularidad y belleza, con sus lavas de negro intenso y otros diferentes colores, con sus volcanes  en los que se reconocen los conos, embudos de explosión, hornitos y tubos volcánicos en muy buen estado de conservación hasta nuestros días, pero amenazados actualmente por una excesiva extracción de picón.

Seguimos circulando por esa carretera que atraviesa la isla de norte a sur, observando numerosos núcleos turísticos, que por estar en el centro, creo que serán mas cómodas residencias, para el visitante que no quiere quedarse en la playa, solamente.

Por fin llegamos a Corralejo, donde no paramos, y tengo que decir con cierta pena, ya que vimos las maravillosas dunas del Parque Natural de la Dunas de Corralejo, solamente, desde el coche, pues no podíamos detenernos si queríamos coger el barco para la isla de Lobos.

En efecto pudimos coger, sin esperar demasiado, un barco que tenia el curioso nombre de la cantante cubana Celia Cruz, en el que llegamos al islote deseado.

El viaje en el barco es precioso pues se va viendo la costa, tanto de Fuerteventura
                                                             
                                                                             
 como, a lo lejos, el sur de la cercana isla Lanzarote
.

Después de un trayecto de veinte minutos, el barco llego a la Isla de Lobos.

Este, mas islote que isla, situado en el noroeste de la isla de Fuerteventura, está separado de la misma por el estrecho Canal de la Bocaina, de dos km de ancho y una profundidad de no mas de trece metros.

Su nombre se debe a las focas monje, que habitaban allí en el pasado, también llamadas fraile del Mediterraneo y lobo marino, eliminadas por los pescadores del islote, por su competencia como grandes consumidoras de los recursos marinos de la zona.

La isla entera está protegida y forma el Parque Natural de Islote de Lobos, desde 1.994; además de su riqueza geológica, posee gran diversidad de flora, con muchas plantas adaptadas a la alta salinidad del agua dulce, de fauna, con varias especies de aves acuáticas que anidan en sus acantilados y rocas, siendo, también, sus fondos marinos de gran riqueza ecológica.

La formación del islote se remonta al Pleistoceno, y está compuesto de campos de lava basáltica, cubierta, en algunas zonas, por arena orgánica.

Su punto mas alto, que se ve perfectamente desde Fuerteventura es la montaña La Caldera, de 127 m sobre el nivel del mar, apropiado nombre pues es un volcán derrumbado parcialmente.
                                                                             

Una buena descripción del islote de Lobos lo proporciono, en 1.903 el geólogo Eduardo Fernandez
 Pacheco, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales, que organizo una expedición a la isla de Lanzarote para estudiar el vulcanismo sobre el terreno, trasladandose a esta isla, desde Gran Canaria.

Al atravesar el canal de la Bocaina, que separa Fuerteventura de Lanzarote anoto:

"Entre ambas islas está el islote de Lobos, que aparece como una tierra baja, completamente cubierta de pequeños cerros, aislados unos de otros y de forma perfectamente cónica, destacándose de entre ellos una montaña mayor, unida en un extremo, en figura de cono truncado".

El paisaje de Lobos, es extraordinario; en su costa de trece km de contorno, hay playas, calitas, y piscinas naturales;
                                                                               
                                                               
 el interior lo componen arenales, burbujas de lava, conocidas como hornitos, malpaises, laderas de picón y antiguos ríos de lava.


En cuanto a los avatares de su historia, recientes investigaciones arqueológicas llevadas a cabo por un equipo de la Universidad de La Laguna (Tenerife), han concluido que los romanos tuvieron un asentamiento estacional en este islote, para obtener el preciado tinte púrpura.

Volviendo a la actualidad, el islote fue adquirido en 1.963 por el empresario Rudy Meyer Asensio y vendida a los pocos años por haber sido incluida, por entonces, en el Parque Natural de las Dunas de Corralejo, en el que se prohibió por completo la edificación (uf! menos mal), .

Los últimos habitantes de la isla, que vivieron en ella hasta 1.968,  fueron el farero Antonio Hernández, conocido como Antoñito el farero, y su familia. Desde entonces el faro ya no necesita farero, pues funciona automaticamente.

En Lobos nació la escritora española Josefina Pla (1.903-1.999), hija del farero de aquella época, que fue poetisa, dramaturga, pintora y periodista, desarrollando toda su producción en Paraguay, a donde marcho tras su boda con el artista paraguayo Andrés Campos, y donde ha tenido gran influencia en generaciones de intelectuales paraguayos y en el estudio de la cultura antigua de Paraguay.

Actualmente la Isla de Lobos, tiene como visitantes pescadores, turistas, submarinistas e incluso surfistas, deporte que, dicho sea de paso, está invadiendo las playas del mundo.

Después de bajar del barco en el pequeño muelle, próximo al Puertito, lo mas parecido a un núcleo habitado, aunque lo único que hay en él son unas cuantas barquitas y algunos chamizos utilizados ocasionalmente por los pescadores de Corralejo y donde se encuentra el único restaurante del islote,
                                                                   

nos dispusimos a recorrer la isla, siguiendo los senderos que la atraviesan, donde están señalados los puntos de interés, así como información sobre la flora y fauna que se puede observar.

Hicimos un recorrido circular muy interesante y precioso, caminado por esa naturaleza casi virgen. Como todo el espacio de la isla está protegido, dada su gran fragilidad, no está permitido salirse de los senderos señalados.

Así fuimos viendo la costa, las pequeñas lagunas, donde llega el mar siguiendo las mareas, con sus extraordinarias plantas halófilas, las calas, las pequeñas colinas cónicas, como si atravesáramos un lugar encantado, es casi como andar por los escenarios de los cuentos de hadas.
                                                                       

Uno de los senderos llega hasta la base de la colina donde se encuentra el faro, hoy día restaurado como si fuera recién hecho. Hay que subir una larga cuesta pero vale la pena, tanto por ver el faro, como la magnifica vista del océano, de la  isla de Lanzarote y de la propia geografía de Lobos, que se divisan en una amplia circunferencia.
                                                                         

En una de las paredes del faro hay una placa commemorativa de Josefina Pla, la escritora nacida en el faro, y su mas ilustre nativa.
                                                                     

Fueron unas tres horas largas las que nos llevo recorrer el islote, para volver en otro de los barcos que hacen el recorrido a  Corralejo, hacia media tarde, Como habíamos desayunado muy bien no comimos nada, solo bebimos bastante agua, ya que aunque era el mes de noviembre el tiempo era cálido, y andando se pasa siempre calor,

A llegar a Corralejo dimos una vuelta por la parte del pueblo que sería el casco antiguo, del cual apenas queda mas que el recuerdo. Hoy día es una zona bien acondicionada de restaurantes, bares y terrazas, así como algunos comercios de los que se ven siempre en los lugares turísticos.

Corralejo no fue mas que una pequeña agrupación, con unas pocas casas de pescadores, hasta que en las últimas décadas del s. XX fueron descubiertos sus "encantos", las maravillosas dunas, las no menos maravillosas playas, el también maravilloso clima durante todo el año, y actualmente sus buenos equipamientos en hoteles, apartamentos y todo lo que el turismo necesita y aprecia, de manera que se ha convertido en el lugar con mas población del municipio de La Oliva, al que pertenece.
                                                                 

Y hacia La Oliva nos dirigimos para visitar la que fue una de las mas importantes poblaciones de la isla, en el s.XVIII.

En la recta que lleva a La Oliva, poco antes de llegar se encuentra Villaverde, población cercana, mas bien un barrio, de La Oliva.

No tuvimos mas remedio que parar para ver de cerca su linda ermita, tan de sabor canario, rodeada de un sencillo pero apropiado jardincillo, una joyita.

                                                           

En unos minutos estábamos en La Oliva.

                                                                         
Al municipio de La Oliva, en el norte de Fuerteventura, pertenecen las playas de Corralejo y El Cotillo, y la Isla de Lobos, que han contribuido a su actual prosperidad, con la afluencia del turismo, pero su parte mas interesante desde el punto de vista  histórico, está tierra adentro, en su núcleo urbano que comprende el casco antiguo.

Tras la conquista en 1.402 y el establecimiento de la capital en Betancuria, formo con esta, y con Pájara la primigenia espina dorsal de la isla.

Según un manuscrito anónimo La Oliva fue fundada en 1.500 por los hermanos Hernández, residentes en Betancuria, que construyeron dos casitas y un estanque para el riego, con la idea de pasar allí el tiempo de la cosecha de cereales, iniciativa que fue seguida por otros campesinos, que empezaron a construirse por allí sus pequeñas moradas.

De manera, que, al ir aumentando los pobladores, en 1.711 se crea la parroquia de La Oliva, para que sus habitantes puedan disponer de servicios religiosos.

Pero la mayor importancia de La Oliva llega cuando los Coroneles, institución militar, que procede del nombramiento de sargento mayor por la Capitanía General de Canarias, convertida posteriormente, en hereditaria,  trasladan su residencia allí desde Betancuria en 1.742, instalándose en la Casa de los Coroneles, y convirtiéndose en el mayor poder de la isla, cuyos Señores, la familia Arias de Saavedra, no residen en Fuerteventura desde hace siglos, sino en Tenerife.
                                                                               

Este ordenamiento se extiende desde el s. XVIII hasta la primera mitad de XIX, época en se ponen al cultivo grandes extensiones de terreno dedicadas a la producción de cereales para exportar, que pertenecen a los Coroneles.

Coyunturas económicas, sociales y políticas, como nuevas poblaciones, como Puerto de Cabras, o bonanzas económicas como la de Antigua, con aumento demográfico en ellas, harán que los Coronelas y por lo tanto La Oliva pierdan poder, y lo gane en cambio la zona costera, con el citado Puerto de Cabras.

Tras la celebración de las Cortes de Cádiz en 1.811. se procede a la abolición del régimen señorial y la reforma de la Administración, con la creación de nuevos municipios conforme al número de habitantes, que se hará efectiva en Fuerteventura entre 1.833 y 1.835, momento en que La Oliva pasa a independizarse de Betancuria.

Los Coroneles pierden su poder político, pero no el económico que se mantiene, hasta el fallecimiento del último coronel, en 1.870, comenzando entonces una decadencia, que trae consigo una caída demográfica producida por la emigración, a otros lugares de la isla, del Archipiélago, pero sobre todo a Venezuela y Cuba.

A partir de la década de los 70 del s. XX el turismo se convierte en motor del desarrollo económico, siendo Pájara y La Oliva los municipios con mas plazas disponibles, predominando los apartamentos, sobre los hoteles.

Este desarrollo va acompañado de un gran aumento de habitantes, que son en este momento casi 23.000.

Para nuestra visita llegamos por los pelos antes de que se cerrara, a la Casa de los Coroneles, principal monumento de La Oliva, junto con la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, su parroquia matriz.

En esa última media hora del día, con la Casa abierta, y nosotros los únicos visitantes, pudimos recorrerla con tranquilidad.

Ya es impactante el exterior, ese majestuoso edificio con aspecto de fuerte o cuartel, que destaca en el paisaje por sus grandes  proporciones, en un entorno sin mas construcciones, hoy día completamente restaurado.
                                                                           

Su construcción data de la segunda mitad del s. XVIII, cuando los Coroneles establecen su residencia en La Oliva.

La Casa de los Coroneles esta ubicada en una extensa planicie, conocida como la rosa del coronel, y es considerada una de las piezas arquitectónicas mas relevantes del patrimonio artístico de las Islas Canarias, declarada Monumento Histórico Artístico en 1.979 y Bien de Interés Cultural.

Además de su gran tamaño destacan en su estructura las dos torres gemelas almenadas, y sus ocho balcones de madera de la fachada y dos mas en los laterales, de estilo tradicional canario.

En el interior hay tres patios, el mas grande de los cuales articula toda la construccion.
                                                                                                                                                     

Una escalera con bonito arco de piedra sube a la primera planta, la residencia privada del Coronel y su familia, hoy día dedicada a los siete coroneles que fueron en total, con cuadros de los titulares y de sus familias, y otros recuerdos; fue impresionante verlo en ese silencio y recogimiento.

Un paseo por la terraza superior, desde donde se veía el entorno de la Casa, completo la visita.
                                                                     

Hoy día la Casa de los Coroneles pertenece a la Comunidad Autónoma de Canarias y ha sido restaurada en el año 2.005, estando dedicado a museo y otras actividades culturales.

Bastante cerca de la Casa de los Coroneles, se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, obra del s. XVI, con fuerte sabor canario.

El exterior esta enjalbejado, mientras que la torre campanario, está fabricada con piedra llamada molinera, lo cual ofrece un llamativo contraste. También de cantería es la puerta principal.

                                                                   
En el interior de tres naves, con sus correspondientes capillas, destaca el Retablo Mayor, obra del mejor pintor barroco canario, Juan de Miranda Cejas (1.723-1.805).
                                                           

También destaca entre los cuadros, uno de ánimas, donado por el Coronel, don Melchor de Cabrera y su esposa doña Ana de Cabrera, presidido por un Arcángel  en el que se ven, metidos en el Purgatorio, curas, obispos y reyes.

La Iglesia fue declarada Bien de Interés Cultural en 1.993.

Anochecía ya cuando dejamos La Oliva, después de un día bien aprovechado.

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