martes, 15 de enero de 2013

Gran Canaria. 3er día, Tejeda, Artenara, el Roque Nublo, el Pico de las Nieves

                                                                       
El día de hoy lo dedicamos a lo que podríamos llamar las proximidades del Parador, en cuanto a km se refiere, pues para circular por la "tempestad petrificada", hay que tener en cuenta la dificultad de las carreteras, curvas, bajadas y subidas, que influyen en el tiempo necesario para ir de un lado a otro

Después del excelente desayuno, contemplando la espectacular panorámica que se divisa desde el Parador, salimos hacia Tejeda, pequeño y lindo pueblo, situado a siete km de nuestra base, monte abajo.

                                                                                 
Tejeda, con una población de poco mas de 2.200 habitantes, se encuentra en el centro geográfico de la isla y está ubicada en el interior de la Caldera de Tejeda, caldera volcánica, llamada de hundimiento, similar a la Caldera de Taburiente, en la isla de La Palma, formada al desplomarse la bóveda de una bolsa de magma.

Fue la que Miguel de Unamuno llamo la tempestad petrificada, que por aquí se ve surcada por abruptos barrancos, encima de los que se erigen dos roques, símbolos de la isla: el Roque Nublo y el Roque Bentayga.

Se supone que en la época anterior a la conquista, los aborigenes tenían el Roque Bentayga como atalaya, desde la que se podía controlar la Caldera de Tejeda por completo.

Hasta 1.815, en que una parte del municipio se escindió, creándose el de Mogán, tuvo salida al mar.

La escasez de agua  y las dificultades de aprovisionamiento de la misma, han sido siempre un obstáculo para su desarrollo agrícola y ganadero. Pero en estos tiempos otras actividades, como el turismo, en primer lugar y la confección de dulces, con un fruto que allí se produce, la almendra, y un cierto desarrollo textil, dedicado a la confección de tejidos para la alta costura, son sus motores económios.

El pueblo es un lugar encantador, todo limpio y cuidado, por el que paseamos con agrado.

                                                                                  
Las panorámicas, dondequiera que se diriga la vista, son espectaculares;
                                                 
                                                                                 
a destacar la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Socorro, inaugurada en 1.931, ya que el anterior edificio fue devorado por un incendio en 1.920. El templo de estilo ecléctico, con sabor canario, está perfectamente integrado en el paisaje del pueblo.

                                                                        
De allí seguimos hasta otra población de la zona: Artenara, el pueblo mas alto de la isla de Gran Canaria, colgado en una de las paredes de la Caldera de Tejeda, enclavado en el Parque Natural de Tamadaba, una zona poblada de pinares, uno de cuyos atractivos es la practica del senderismo.

Artenara, población de cerca de 1.300 habitantes, está situado en las cumbres occidentales de la isla, a 1.270 m de altitud, constituyendo una excelente plataforma para contemplar las espectaculares panorámicas de la Caldera de Tejeda, el Roque Nublo y  el Roque Bentayga.

                                                                      
Fue en 1.734, cuando se constituyo en municipio. Es de señalar que hasta los años 30 del s. XX, muy pocas casas se situaban alrededor de la iglesia, mientras que la mayor parte de la población vivía en cuevas, en las abruptas laderas.


  Hoy día aun quedan cuevas habitadas, que se muestran a los turistas.

Artenara, al contrario que Tejeda tiene una salida al mar, que no sé si le sera de ninguna utilidad, ya que es, en toda su longitud, el tremendo acantilado que une Agaete con la Aldea de San Nicolás.

Así Artenara es uno de los municipios con mas desnivel, entre los 1.773 m de su monte mas alto, el Pico de los Moriscos, hasta el nivel del mar.

Artenara forma parte del territorio del concejo de varios parques naturales protegidos: el Parque Rural del Roque Nublo, el Parque Natural de Tamadaba y el Paisaje protegido de las Cumbres, además de pertenecer, desde 2.005, a la Reserva Mundial de la Biosfera.

Su pequeño casco urbano es acogedor. En él se encuentran como edificios importantes el Ayuntamiento, y sobre todo la iglesia de San Matías, levantada a finales del s. XIX, con dos torres realizadas en piedra roja de Tamadaba. En el interior, de tres naves, se encuentran algunas obras de arte, como la imagen del patrón San Matías, de principios del s. XVIII y la de la Virgen del Rosario, que fue la primera patrona de Artenara.

                                                                            
Llama la atención una gran estatua del Sagrado Corazón, que preside el pueblo desde la Montaña de la Silla.

                                                                            
Desde el Mirador de la Silla, inaugurado en 1.962, se pueden admirar espectaculares paisajes, presas, pinares, acantilados y barrancos, mientras que del Mirador de la Atalaya se ven montes con pinares y al fondo el Teide, el majestuoso volcán de la isla de Tenerife, que se ve desde Artenara sin solución de continuidad, ya que no se divisa la costa.                

                                                                       
Me llamo la atención una placa colocada en uno de los antiguos edificios de la población, en honor de uno de los prohombres del pueblo, un comerciante que se estableció allí a principios del s. XX, cuando las comunicaciones con un lugar tan alto y escarpado como es Artenara, eran casi heroicas, y que trajo grandes mejoras, al llevar allí productos hasta entonces muy difíciles de conseguir, y fundar, también, una empresa de transportes. Por descuido, no saque foto de la placa, y no recuerdo el nombre de dicho empresario.

Desde allí nos dirigimos a lo que se podría llamar las "faldas" del Roque Nublo, mas propiamente del monte sobre el que se alza este gran roque, atravesando una carretera bordeada de pinos.

                                                                          
El  Roque Nublo, situado en el Parque Rural del Nublo, creado en 1.994,  es uno de los espacios naturales mas emblemáticos de la isla.

De origen volcánico, se eleva 80 m sobre su base y a 1.813 m sobre el nivel del mar, siendo uno de los mayores roques del mundo.

Llegamos a la base del gran roque, y aunque hacia algo de calor, nos unimos a cierta cantidad de gente que subía al roque, por un caminillo empinado y pedregoso, hasta llegar a la mismísima base del Nublo, cosa de poco rato, pues el camino, aunque empinado, es corto.

                                                                                 
 La panorámica allá arriba, es esplendida y bien vale la subida.

                                                                                    
Todavía tuvimos ánimo y fuerzas para seguir hasta otra altura emblemática, la mas alta de la isla, el Pico de las Nieves, de 1.949 m., en la misma zona de diferentes espacios protegidos. El camino hasta allí se halla poblado de pino canario, repoblado en los años 50 del s. XX, al que se añaden la retama amarilla y otras especies adaptadas a la altura, como el tomillo, la salvia y la magarza.

El Pico es un saliente rocoso e inaccesible que se puede contemplar desde un mirador habilitado para ese fin, ofreciendo espectaculares panorámicas.

                                                                      
El origen del nombre, Pico de las Nieves, se remonta al s. XVII, y le viene de la creación, por la Iglesia, de una serie de neveros o pozos excavados en la tierra, para almacenar la nieve caída durante el invierno, que era luego transportada, convertida en hielo, a la capital insular, Las Palmas de Gran Canaria, donde era consumida de diversas formas.

Uno de dichos pozos, el segundo en tamaño, el Pozo de las Nieves, está acondicionado para ser visitado

                                                                                     

                                                                              
Tras todas estas caminatas y espectaculares paisajes, regresamos al Parador a descansar, reservando la tarde para otra visita ineludible en Gran Canaria: Teror, que queda para otro capítulo.

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