viernes, 29 de marzo de 2013

Menestra de acelgas

                                                        

 Las acelgas son una verdura muy sabrosa, con un ligero toque amargo, y saludable, por los muchos elemntos esenciales que posee De ellas se aprovecha tanto la penca como las hojas

Ingredientes
                                                               


1 k de acelgas
1/2 k de patatas
1 huevo
1 diente de ajo
3 cucharadas de aceite
Pimienta
Sal

Elaboración

Quitar las hojas de las acelgas, dejando la penca limpia
Lavarlas
Cortas las pencas en tiras y después en trocitos pequeños como daditos.

                                                               


Cocer en abundante agua hirviendo con sal durante 1/2 hora.
Escurrir en un colador y reservar.
                                                                     

Pelar las patatas.
Cortarlas también en daditos.

                                                                     

Freír en una sartén las patatas hasta que queden doradas.

                                                               

Freír el diente de ajo en 3 cucharadas de aceite, hasta quedar tostado.
Echar en este aceite las acelgas.
Rehogarlas.
Añadir las patatas fritas, mezclando todo.
                                                                       

Batir el huevo y echarlo sobre la mezcla anterior hasta que cuaje.
 Servir inmediatamente.

viernes, 22 de marzo de 2013

Gran Canaria. Último día. Agaete. El Anden Verde. La Aldea. El ferry

                                                                                                                                                               

 Llegamos a Agaete y después de unas cuantas preguntas encontramos el hotel que teníamos reservado, Hotel Roca Negra, en la urbanización  El Tundal; esto quiere decir en la parte alta de Agaete, donde se tienen esplendidas vistas sobre el océano, playas y acantilados.

Para descansar estuve un buen rato en la terraza de la habitación, contemplando el mar de un intenso azul, las montañas que llegan casi a la orilla, y la llegada de un pequeño yate, cuyos pasajeros se bañaban en la pequeña bahía, y de algunas motos acuáticas, que corrían por las aguas, con gran diversión de sus conductores.

Mas cerca, casi al pie de las habitaciones, otros clientes del hotel, también se divertían en la piscina, bañándose y tomando el sol.

                                                                         
Al cabo de una hora de descanso decidimos ir a dar una vuelta por el pueblo.

Agaete es otra de las villas históricas de Gran Canaria.

En efecto, en 1.480, al poco de la conquista de la isla, se construyo una torre fortificada, llamada Casa Fuerte, cuyo primer alcaide fue Alonso Fernández de Lugo, que había tenido un papel destacado en la misma.

Al mismo tiempo se empezó a utilizar su puerto natural, llamado por Fernández de Lugo. Puerto de las Nieves, debido a su devoción por esta advocación de la Virgen, puerto que tuvo gran utilidad para la conquista, y durante el s. XVI, para el comercio con el norte de Europa.

Cabe el mérito a Alonso Fernández de Lugo haber establecido en Agaete el primer ingenio azucarero de las islas, basado en el cultivo de la caña de azúcar, cuyo comercialización tuvo unos brillantes inicios, que no tardaron en desaparecer debido a la competencia de la industria azucarera americana.

Alonso Fernández de Lugo tuvo que vender el Señorío de Agaete para financiar la conquista de la isla de la Palma, empresa que culmino, y mas tarde, también fue el conquistador de Tenerife, donde en San Cristóbal de La Laguna estableció la capitalidad del Archipiélago, siendo nombrado, por los Reyes Católicos, Adelantado de la Islas Canarias

Pero, volvamos a Agaete.

La compra de estas productivas tierras corrió a cargo de Antón de Cerezo, financiero y mercader genovés, afincado en Sevilla, que continuo con el comercio del azúcar, sobre todo con los Países Bajos.

La población se desarrollo en dos núcleos principales, alrededor de la Casa Fuerte y del Puerto de Las Nieves y, en la parte alta, alrededor de la Iglesia de la Concepción, construida hacia 1.515.

Después de estos buenos inicios, y tras la desaparición del cultivo de la caña de  azúcar, en el s. XVII se produjo una gran decadencia en la zona, con la consiguiente merma demográfica, que se tardo tiempo en remontar, hasta la introducción de otros cultivos como la cochinilla, y posteriormente, el tomate .

En la actualidad, su economía sigue basándose en la agricultura, siendo los cultivos de frutas tropicales, mango, papaya, aguacate, etc, los que predominan.

La pesca que tuvo gran importancia, en otros tiempos, está practicamente desaparecida, mientras que, procedente de la ganadería, se elabora un apreciado queso artesanal.

Agaete tiene una población de mas de 5.000 habitantes, y es un pueblo todo blanco, con los dinteles de las puertas, ventanas y balcones en azul; queda muy bonito.

Después del descanso en el hotel, bajamos al núcleo urbano central, desarrollado alrededor de la iglesia de la Concepción.

                                                    
Esta iglesia, fundada en el s. XVI, estaba en estado ruinoso cuando llego el s. XIX, en que se procedió a algunos importantes arreglos, que acabaron en 1.874, y que no duraron mucho, pues un año mas tarde la iglesia sufrió un pavoroso incendio, que destruyo gran parte de su patrimonio en objetos de  culto e imágenes.

Después de numerosas gestiones se puso la primera piedra para un nuevo templo en 1.875, que es el que se puede contemplar actualmente.

El templo de tres naves, con fachada ecléctica rematada por una sola torre, resulta esbelto y bello; la Plaza de la Constitución, donde se encuentra la iglesia de la Concepción,  está rodeada de casonas de los antiguos burgueses de Agaete, y tiene, como no, los laureles tan característicos por su frondosa sombra, como en tantos otras villas, pueblos y ciudades canarias.


Fuimos después hasta la sede actual del Ayuntamiento de Agaete, antigua casa de la familia De Armas, que fue de las mas importantes, si no la mas importante de la zona, en los s.s. XIX y XX, algunos de cuyos miembros llegaron a pertenecer a la Diputación de Canarias, con sede en Santa Cruz de Tenerife, presidida por don José de Armas, hermano de los alcaldes de Agaete, don Antonio y don Santiago de Armas.

Esta visita tenía para nosotros, sobre todo para mi marido, un carácter, casi, de peregrinación, ya que él mismo pertenece por parte materna a esta familia, aunque ya desligada de Agaete.

La antigua casa Armas tiene sabor canario, aunque, una especie de bosquecillo de palmeras impide su vista; hay que rodearla para poder verla, aunque la visión total resulta algo incompleta.

                                          
 La familia Armas fundo un jardín botánico, con semillas traídas de todo el mundo, especialmente de América, que llego a tener mas de 300 especies tropicales, el Huerto de las Flores, delicioso jardín donde se reunían destacados poetas y literatos de la isla, como Tomas Morales, Saulo Toron, Alonso Quesada etc.

                                                                  
 No pudimos ver este jardín tropical, pues estaba cerrado  la tarde que pasamos en Agaete; fue una pena.

Regresamos al hotel, para pasar una agradable velada.

Empezamos la mañana siguiente, nuestro último día en Gran Canaria, con un paseo, antes del desayuno.

El hotel tiene un pequeño jardín que da al mar y una rampa de cemento para bajar hasta la orilla,  aprovechada para dos o tres piscinas semi naturales de agua de mar.
                                                         


El sol todavía no "quemaba", mas bien estaba oculto tras las nubes o, quizás, la bruma, y un vientecillo bien fuerte circulaba a sus anchas; hay que saber que el viento es una fuerza constante en Agaete, no descansa nunca.

Llegamos andando por un paseo bien hecho, hasta el final del muelle, donde a la caída de la tarde íbamos a coger el ferry a Tenerife.

 Allí pudimos contemplar el mas conocido "monumento" de Agaete, obra, en este caso, de la naturaleza: el "Dedo de Dios", espectacular roque, que parecía un dedo apuntando al cielo, y que fue "amputado" por el furor de la tormenta tropical Delta, a finales del 2.005.
                                                                         
Antes de Delta
                                                                             
Después de la tormenta
Fue una pequeña caminata muy agradable que nos despertó el apetito para tomar un buen desayuno.

Una vez arreglados y recogido el equipaje, fuimos a conocer el otro núcleo urbano de Agaete, el primero que fue fundado y habitado, el Puerto de las Nieves y su entorno.

En esta ubicación se levanto la Torre o Casa Fuerte de Agaete, comandada por Alonso Fernández de Lugo, que elevo allí una ermita dedicada a la Virgen de Las Nieves, y que dio nombre al puerto.

Como he relatado mas arriba, después de desarrollar un próspero ingenio azucarero, Fernández de Lugo, se vio obligado a vender, con gran dolor, el Señorío de Agaete, para financiar la conquista de la isla de La Palma, que llevo a cabo, al mercader genovés Antonio Cerezo, uno de los personajes históricos mas conocidos y recordados de la villa, por haber encargado en Flandes el Tríptico de Nuestra Señora de las Nieves, atribuido al pintor flamenco Joos Van Cleve, instalado como retablo en la Ermita de las Nieves, y en el que Cerezo aparece, en las tablas laterales, junto con otros miembros de su familia


Paseamos, pues, por el Puerto de las Nieves. La primitiva Casa Fuerte todavía se conserva erguida en la margen derecha del barranco, pero su estado actual amenaza ruina, aunque se han levantado algunas voces pidiendo su restauración.

Vimos de nuevo el Dedo de Dios, pero su proximidad con el acantilado y la hora matinal, en la que se encontraba a contraluz, no lo dejaban ver bien.

Tras esta visita decidimos ir hasta La Aldea de San Nicolás, por la carretera llamada Anden Verde.

Esta carretera merece mención aparte, ya que se trata de una vía de muy difícil conducción, llena de curvas, todo el tiempo al borde del acantilado. Difícil y peligrosa en todo el trayecto y sobre todo en la parte que estaba en obras, que alargaba el transito, pues había que parar en una de las dos manos, y esperar un largo rato.
                                                                         

Las vistas de la costa y de la montaña son espectaculares, compuestas de acantilados con alguna inaccesible playita, y grandes montañas, barrancos y tajos, del otro lado.

Desde la carretera se ve de nuevo el Teide, levantándose sobre el mar.
                                                                             

  Agaete va alejándose conforme transcurren los retorcidos kms.
                                                              

Mi marido, que conducía el coche, quedo agotado de los 40 km de esta carretera, que le parecieron  400.

La Aldea de San Nicolás, nombre que le viene de la ermita fundada por los misioneros mallorquines en el s. XIV, dedicada a San Nicolás de Tolentino. llamada ahora, por lo general, solamente, La Aldea, se encuentra en un extenso valle, y fue inaccesible por tierra hasta la construcción de la carretera a Agaete en 1.935; esa dificultad en las comunicaciones explica que su comercio fuera durante siglos, principalmente, con pequeños barcos que iban a la isla de Tenerife, donde llevaban los productos agrícolas, maíz, patatas y hortalizas.

La Aldea fue poblada por aborígenes asentados en su costa y valles, que han dejado numerosos vestigios arqueológicos, no demasiado bien tratados, ni conservados por sus sucesivos habitantes, que siguen destrozándolos hoy día.
                                                         
 
Como este yacimiento, en el Anden Verde, en el cual han practicado simultaneamente, el robo y el gamberrismo.

Después de la conquista de Gran Canaria, en el repartimiento de tierras, Pedro Fernandez de Lugo, hermano de Alonso, posteriormente Adelantado de Canarias, obtuvo esta zona de San Nicolás de Tolentino.

Siguieron varios siglos de diferentes dueños y variados pleitos por el agua.

La conexión comercial con Tenerife a través del mar despertó el interés por San Nicolás de Tolentino, de Tomas Grimón, Regidor Perpetuo de Tenerife, que necesitaba tierras para acceder al estamento nobiliario, unido a la terratenencia en aquellos siglos, para lo cual adquirió gran cantidad de terrenos en este valle.

Su descendiente Tomas de Nava-Grimón fue el primer Marques de Villanueva del Prado y la familia conservo esta posesión durante 300 años, hasta que ya entrado el s. XIX, en 1.892 paso a poder de Sebastián Pérez, antiguo administrador y acreedor de los marqueses de Villanueva del Prado, (que casó con la sra. Galdós, padres de nuestro gran literato don Benito), para pasar entre los años 1923-27 a un consorcio de cuatro propietarios. Los conflictos antiguos, ya que no habían dejado de producirse desde el s. XVI, entre los distintos dueños de la tierra y los que la trabajaban, siguieron al rojo vivo entre los nuevos propietarios y los aldeanos, hasta que el pleito fue  resuelto por el Ministro de Gracia y Justicia, Galo Ponte, que visito la zona y fallo a favor de los aldeanos.

Tras la desaparición del latifundio, la introducción del cultivo del tomate y la agrupación de los caseríos dispersos en las fincas, se produjo un entramado urbano que es lo que se conoce, hoy día, como La Aldea.

Por otro lado la dependencia municipal de Tejeda concluyo en 1.812, año en que se constituye como alcaldía, lo que dio lugar, también, a un cierto desarrollo.

Bien, pues después de atravesar el Anden Verde, sufriendo las obras, las curvas y las pendientes, contemplando, sobre todo yo, el esplendoroso paisaje, llegamos al núcleo urbano, La Aldea de San Nicolas, en un extenso valle, hoy día "adornado" con los productivos invernaderos.
                                                                               

El único edificio destacable que vimos fue el de la Parroquia de San Nicolás, heredero de la primitiva ermita, pero de factura nueva, construido en 1.972.
                                                                             
                                                                                     
No he podido saber que fue del edificio antiguo, sin duda destruido.

Después de dar una vuelta por La Aldea, donde hacía bastante calor y de refrescarnos en el interior de un bar, no vimos terraza exterior, con una cerveza bien fría, volvimos a recorrer el Anden Verde de vuelta a Agaete.
                                                                               
 

Las espectaculares vistas y la dureza de la carretera nos acompañaron como a la ida.


Allí nos fuimos a un bar con vistas a la playa, donde, estuvimos un largo rato, con una gran jarra de cerveza bien fría, para reponernos.

 La playa estaba muy animada; a pesar de ser de cayados, nombre que damos en Canarias, no se si también en otros sitios, a las piedras medianas y pequeñas redondeadas, sobre las cuales andar es bastante penoso; grandes y pequeños se desplazaban sin problemas, metiéndose y saliendo del agua. Los niños, sobre todo, lo pasaban en grande.

                                                                                       
Una vez recuperados con esa cerveza y el descanso, nos trasladamos a una terraza cercana, protegida del viento, y esto es importante, pues el alisio no deja de soplar en Agaete. Según me dijo el camarero que nos atendió, y a pesar de que a mi me parecía que había una brisa huracanada, a él le parecía un día "de cine" por lo flojo que soplaba.

Después de tomar una merienda, a base de productos del mar, que nos serviría de cena, dada la hora en que íbamos a llegar a Tenerife, llego el momento de subir al ferry, junto a una gran cantidad de gente, coches y camiones.
                                                                                           

Nosotros habíamos establecido la entrega del coche de alquiler, en el mismo muelle del ferry, cosa que hicimos.

Pudimos contemplar de nuevo el "Dedo de Dios", esta vez iluminado por la mejor luz del día, la de poniente.

El viaje Agaete-Santa Cruz de Tenerife tarda una hora, llegar a casa un poco mas, pues al ser ya de noche y no conocer las salidas del muelle, dimos unas cuantas vueltas extra de mas.

En cuanto al viaje, lo mejor que tiene es que es corto, pues el mar es bastante movido; yo no mareo en barco, pero creí que iba a estrenarme en esa hora.

El viaje a Gran Canaria había concluido. Preciosa isla, que habíamos recorrido; esplendidos e impactantes paisajes que habíamos disfrutado, tanto en la Cruz de Tejeda como en Agaete.

Ahora nos esperaba el resto del veraneo en Tenerife, con el cual disfrutamos también, mucho.

viernes, 15 de marzo de 2013

Pastel de queso aleman

                                                                          
 Pastel de sabor y textura excelente. Se puede hacer con harina o con maizena, pues apenas se nota la diferencia.

 Ingredientes

                                                       
 200 g de harina
80 g de mantequilla
1 cucharada sopera de aceite
1 yema de huevo
1 vaso de vino, mas o menos, de agua fría
1 cucharada de las de café de azúcar
1 pellizco de sal

Para el relleno:

                                                      
1 tarrina de crema de queso, tipo Philadelphia o similar.
100 ml de nata liquida
3 huevos
50 g de almendra rallada
1 pellizco de vainilla en polvo
100 g de azúcar
1 puñado de pasas de Corinto, remojadas en agua templada

Elaboración
 
Preparar la masa quebrada de la manera siguiente
Colocar la harina en un bol,
Espolvorear con el pellizco de sal y el azúcar.
Añadir la mantequilla reblandecida y cortada en cuadritos,

                                                    
y una yema.

 Triturar lo menos posible, con la punta de los dedos, esta mezcla, hasta conseguir una especie de serrín grueso.
Echar poco a poco, en tres veces, p.e., el agua, incorporándola levemente.
En una mesa de mármol espolvoreada con harina, poner la masa y amasarla un poco, hasta conseguir una bola, que se deja reposar en un sitio freso, tapada o envuelta en papel de aluminio, tres horas al menos.

Para usarla: espolvorear harina en la mesa y extender la masa con un rodillo pastelero.

Untar con mantequilla un molde desarmable.
Poner encima la masa extendida, recortando lo que sobre.
Pinchar el fondo con un tenedor para que no se infle.

                                                                             
Poner a horno suave 20 minutos.

Para preparar el relleno:

Poner la crema de queso, en la batidora
Añadir la nata la vainilla, el azúcar, la almendra rallada y las 3 yemas de huevo, batiendo bien.

                                                                                                                              
Montar las claras a punto de nieve firme.
Añadir al resto con cuidado.
Agregar finalmente las pasas de Corinto escurridas.
Verter la preparación en el molde forrado.
Volver a meter el pastel en el horno a 150 ºC, durante 55 minutos.

                                                                               

Y así debe de quedar

                                                                          

                                                                                                                                                     

viernes, 8 de marzo de 2013

Gran Canaria 5º día. De la Cruz de Tejeda a Agaete.

                                                                                                       
Para el  último día completo en la isla de Gran Canaria nos trasladamos a Agaete, población en el norte de la isla desde la que sale, varias veces al día, el ferry con destino a Tenerife, donde, como cada año, íbamos a pasar el resto del verano.

Así que de buena hora, y con un luminoso día en las alturas, dejamos el Parador y su extraordinario entorno, para trasladarnos a Agaete, pasando por diversos y muy interesantes pueblos y paisajes.

Nuestro primer destino fue Firgas, en el mismo camino que va de la Cruz de Tejeda a Teror.

Firgas, con una población actualmente de algo mas de 7.500 habitantes, está enclavada en el Parque Natural Monte Doramas, con magnificas vistas sobre el océano y sobre el norte, este y oeste de la isla de Gran Canaria, por lo cual también se la conoce como el balcón del Atlántico.

                                                                               
Es una de las poblaciones mas antiguas de la isla, ya que fue fundada en 1.484 por Tomás Rodriguez de Palenzuela, caballero burgalés que participó en la conquista de la isla, al lado de Pedro de Vera, y que fue recompensado con la rica zona, de aguas abundantes y buenas tierras de Arucas, dentro de la que estaba Firgas.

En ellas estableció un ingenio azucarero, que le proporcionó una cuantiosa fortuna; Tomas Rodriguez de Palenzuela  levantó la ermita de San Juan de Ortega, alrededor de 1.506, en el mismo emplazamiento donde hoy se encuentra la parroquia de San Roque, que constituyó el núcleo original del futuro municipio.

                                                       
De la primitiva ermita subsisten la puerta principal y el artesonado de la nave central, así como una importante obra de imaginería, entre la que destaca el Cristo crucificado que preside el altar mayor.

                                                                             
 En el año 1.613, un biznieto del fundador, Juan Suárez de Palenzuela, consiguio del gobernador el establecimiento del Convento Dominico de San Juan Ortega, cuyos monjes se ocuparían de los cultos religiosos y de la enseñanza, convento que, después de doscientos años, desapareció con las leyes desamortizadoras del año 1.835, y cuyo solar ocupan la iglesia de San Roque y la Casa Parroquial.

                                                             
El templo tuvo que cerrarse para proceder a su restauración, que se realizó el año 2.008, y ahora se puede visitar este precioso monumento histórico, completamente remozado.

Desde la Plaza de San Roque, donde se ubica la iglesia, se puede contemplar una de las mas bellas vistas del norte de Gran Canaria, donde, por días claros, se divisan las islas de Tenerife y Fuerteventura.

En un lateral de la plaza se encuentra una adornada acequia, con curiosos añadidos.

                                                             
 Firgas perteneció al municipio de Arucas, hasta que logró constituirse como Ayuntamiento en 1.835, después de una larga serie de desencuentros y conflictos.

Hoy día su economía está ligada, como secularmente, a la agricultura, y a la planta embotelladora de agua mas importante de Canarias.

Sobre el agua de Firgas tengo que decir que es mi agua con gas preferida, y la consumo siempre que tengo ocasión. Como la producción es limitada, es un artículo que solo se encuentra en las islas.

El pueblo es pintoresco y está muy cuidado.

Son a destacar en el casco histórico, el  Paseo de Gran Canaria y el Paseo de Canarias, que ocupan la antigua calle Real, vías peatonales con una pendiente natural donde se ha construido una cascada de treinta metros que representa la riqueza hídrica de la zona;

                                                              
en un lateral del paseo están fijados los veintidós escudos heráldicos de los municipios de Gran Canaria, además del escudo insular, y en los bancos de azulejos, un episodio, o un monumento de la ciudad, donde está cada Ayuntamiento;

                                                                      
en el lado mas alto del paseo están representadas en el suelo las siete islas canarias, con sus respectivos escudos, además de un paisaje representativo de cada una.

                                                                          
Impactante y entretenido monumento que recorrimos detenidamente, así como también algunas calles de fuerte sabor canario y bastante pendiente.

                                                                          
Antes de dejar Firgas tengo que decir, para el que quede en ella a comer, que su especialidad gastronómica es el potaje de berros, rico plato, que aprecio mucho, y cuya receta figura en este blog.

Dejamos Firgas para trasladarnos a Arucas, otro lugar bello y sorprendente.

                                                                       
Arucas cuyo nombre procede del termino aborigen, muy parecido, de Arehucas, está asentada al pie del volcán Montaña de Arucas, desde el que un mirador ofrece una vista de los cuatro puntos cardinales.

Su población es de cerca de 37.000 habitantes, siendo la agricultura su principal recurso económico, con extensas plantaciones de plataneras. Otra de sus fuentes de riqueza, también tradicional, es la elaboración del ron miel, procedente de la caña de azúcar, riquísimo licor, muy apreciado en el archipiélago, y por todos los que tienen la ocasión de degustarlo.

La agricultura ha ido variando a lo largo de los siglos, y según las posibilidades de cada época, desde el cultivo de la caña de azúcar, la cochinilla y actualmente el plátano, y otros cultivos menores, pero sin embargo importantes, como el maíz, el trigo, las patatas y los arboles frutales.

Arucas fue fundada, al igual que Firgas, por el caballero burgalés Tomas Rodriguez de Palenzuela que, como sabemos, había recibido la zona, tras la conquista de la isla y el repartimiento de tierras y aguas, abundantes en la región.

La ciudad empezó a desarrollarse alrededor de una primitiva Ermita de San Juan Bautista, erigida en el mismo solar que hoy ocupa la gran iglesia del mismo nombre.

La ciudad moderna se consolidó en los s.s. XIX y XX, reflejo del poder económico y social de la burguesía local, que apoyándose en las corrientes estéticas del momento creó el  actual centro histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1.976.

En este entorno destaca sobre manera la imponente iglesia de San Juan Bautista, levantada por iniciativa del procer local Francisco de Gourié, para sustituir a la antigua iglesia erigida en 1.515, que no podía albergar al creciente número de fieles, al haber aumentado considerablemente la demografía ciudadana.

                                                                  
Entre los proyectos presentados se aprobó el del arquitecto Manuel Vega, discípulo de Gaudí, siendo desarrollado por el arquitecto Fernando Navarro.

Las obras comenzaron en 1.909, abriéndose al culto en 1.917, aunque las obras continuaron setenta años mas, hasta quedar terminada, finalmente, en 1.977.

El gran templo, de estilo neogótico, construido en piedra azul labrada a mano, de las canteras locales,  tiene una torre campanario de 65 m altura, y otras cuatro torres de menor altura, formando un conjunto impresionante, que se ve desde muchos puntos, y que la hacen ser conocida como la Catedral de Arucas, aunque catedral no es.

                                                                                                                                 
En el interior de la iglesia, destacan las grandes columnas, que debían sostener una torre centra,l que no pudo construirse por su enorme peso que la hacia inviable, y las vidrieras francesas colocadas entre 1.916 y 1.938, de temática variada, en algunas de las cuales están los santos patronos de los donantes, con sus nombres.

                                                
Dentro del templo hay interesantes capillas y esculturas que recorrimos  como la Capilla de San Juan Bautista, la Capilla del Sagrado Corazón, o el Altar Mayor con un Cristo Crucificado del s. XVII y varias capillas mas que seria largo enumerar.

                                                           
El templo tiene una estructura tan monumental, que tendría que haber dispuesto de mas espacio, ya que me hizo el efecto de demasiado alto y demasiado grande, para una superficie pequeña en comparación con sus dimensiones arquitectónicas. En todo caso es un magnifico y sorprendente monumento.

Recorrimos luego las calles peatonales, como la calle León y Castillo, donde se levantan varios inmuebles del s. XIX, como la llamada Casa Escuela, la casa Grau Bassas, de 1.892, sede, hoy día de la Fundación Mapfre,

                                                                                
hasta llegar a la Plaza de la Constitución, centro neurálgico de Arucas durante los s.s. XIX y XX, donde de alzan la Casas Consistoriales y el antiguo Mercado Municipal.


Algunos edificios importantes del rico pasado del s. XIX, se hallan en ruinas, solo se ha conservado la fachada y parecen querer construir algo en el interior.

                                                                                                                                
Por allí llegamos a otra de las joyas de Arucas, el Parque Municipal.

El recinto del Parque dispone de mas de 7.000 m2, y formó parte en el pasado de la casa del procer local Francisco de Gourie, por lo que también se le conoce con este nombre; formado por varias zonas pavimentadas y arboladas, contiene una gran variedad de arboles y plantas ornamentales de todos los continentes, de ahí la denominación de Arucas como Ciudad de las flores.

                                                                         
Desde la Avenida del Parque se pueden ver otros notables edificios de la ciudad, como el la Heredad de Aguas de Arucas y Firgas, construido entre los años 1.908-12, que desempeñó un papel importante económico, cultural y social.

                                                                           
Después de este recorrido por Arucas continuamos nuestro viaje, parando, aunque brevemente,  en otras villas emblemáticas de Gran Canaria, muy próximas a Agaete.

La primera fue Santa María de Guía, mencionada también en los mapas como Guía de Gran Canaria

Guía  ha tenido diversos nombres, desde su primera denominación, cuando fue fundada en 1.525, como Villa de Guía, mas tarde, ya en el s. XVIII, como Guía, y posteriormente en el s. XX de Guía de Gran Canaria y Santa María de Guía, tiene, hoy día, mas de 14.000 habitantes.

Fue fundada por Sancho de Vargas, que erigió una ermita dedicada a Santa María, alrededor de la cual se desarrolló la población, que era la manera fundacional acostumbrada en la época posterior a la conquista y al repartimiento de tierras.

Un recorrido por sus calles, aunque breve, como el que hicimos nosotros, permite advertir la belleza de sus edificios, restaurados y pintados en los últimos años, que le han devuelto su pasado esplendor.

El casco histórico fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1.982.

                                                                                      
De sus monumentos pudimos admirar la Iglesia Parroquial de Santa María de Guía, que fundada, como hemos visto, en el s. XV, fue reedificada en el s. XVIII.

La iglesia que podemos ver hoy día es de estilo neoclásico, con una parte central donde se encuentran las portadas y dos alas laterales enmarcadas por sendas torres.

                                                                         
 La iglesia estaba cerrada a nuestro paso por Guía; nos llamó la atención una placa colocada en un de sus laterales, que recordaba al compositor francés Camille Saint-Saëns, que en el año 1.900 inauguró su magnifico órgano italiano, único en todo el archipiélago, interpretando diversas piezas.

Hay que saber que Saint-Saëns era, desde hacia años, asiduo visitante de la isla, alojándose, en su cuarta visita a Guía, en la Villa Melpomene, propiedad de su compatriota, el comerciante francés Juan de Ladeveze, y desde allí intervino con su consejos, en la adquisición del órgano.

 El órgano se pudo reinaugurar en 2.003, después de una complicada restauración de varios años.

En las cercanías de la iglesia, en la misma Plaza Mayor, se encuentra otro monumento de la villa, la Casa de los Quintana, que data del s. XVII, con una fachada de sillares almohadillados y un gran balcón de madera.

                                                               
Después de esta breve parada en Guía continuamos hasta Gáldar, donde comimos y descansamos un buen rato.

Gáldar está muy cerca de Guía, a la cual está última perteneció hasta el año 1.871.

Gáldar es uno de los lugares pre-históricos de Gran Canaria, ya que allí hubo un reino aborigen antes de la llegada de los españoles, de nombre parecido al actual, Agaldar.

Después de diversas maniobras y muchas vicisitudes, el último rey indígena llamado Tenesor Semidan, fue llevado a Toledo, presentado a los Reyes Católicos y bautizado con el nombre de Fernando de Guanarteme, el cual tuvo un importante papel en la integración de la isla a la corona, que se consiguió con el Pacto de Calatayud, firmado por Fernando de Guanarteme y los Reyes Católicos.

Con la conquista, el termino se convierte en la Villa de Santiago de los Caballeros de Gáldar. Se levanta una primitiva iglesia, alrededor de la cual crece la población, en la cual, según la tradición dijo la primera misa el obispo Juan de Frías, personaje importante entre los conquistadores de Gran Canaria, que recibió en premio por su colaboracíón en bienes y actuaciones, el Señorío de Agüimes, como he relatado en el blog.

Gáldar, con mas de 22.000 habitantes es una preciosa villa, donde disfrutamos de un rato de descanso mientras comíamos, en la Plaza de la Iglesia.

                                                                      
La iglesia de Gáldar, como muchas de las iglesias de la isla, es imponente.

 Sorprende tanta monumentalidad, pues en muchas villas y pueblos hay unas grandiosas construcciones.

La Iglesia Matriz de Santiago de Gáldar es uno de estos templos.


Su fundación, como hemos visto, data de los primeros momentos de la conquista de la isla

                                                                                                                                     
La primitiva iglesia del s. XV, que era pequeña para la creciente población de Gáldar, fue sustituida en el s. XVIII por la que podemos ver hoy día. Las obras comenzaron en 1.778, debido, en gran parte, a la colaboración y empeño de un ilustre vecino de Gáldar, el capitán Esteban Ruiz de Quesada, que cedió gran parte de su fortuna para la construcción del templo; dándose por concluidas las obras en 1.826. 

Y, en verdad, resulta una construcción llamativa e imponente. Su estilo es neoclásico con elementos barrocos tardíos, siendo el primer templo de este estilo, que tuvo mucha influencia en las posteriores iglesias de la isla.

 La fachada principal de dos cuerpos, está coronada por dos torres gemelas de 35 m de altura. Tanto la fachada como las torres están realizadas en piedra dorada.

Como dato curioso, se trata de la única sede jacobea en el archipiélago, cuyo Camino de Santiago está señalado en diversos puntos, de los cuales recuerdo haber visto uno en San Bartolome de Tirajana.

Después de comer dimos un paseo admirando la  iglesia, en la que no pudimos entrar por estar cerrada, y por las calles adyacentes.

Seguidamente continuamos nuestra ruta hasta Agaete, donde tomamos posesión de nuestra habitación en el hotel, desde la que se tenía una preciosa vista de la costa y el mar.

Dejaremos Agaete para el siguiente capítulo, ya que este ha resultado enormemente largo.