viernes, 22 de noviembre de 2013

2º día: Bruselas

                                                                       

El día de hoy empezó con lo que se llama una visita panorámica a Bruselas, que consiste en un recorrido en bus de sus principales calles, avenidas, plazas y monumentos.

La tarde anterior ya habíamos recorrido algo del centro, caminando desde el hotel hasta la catedral, en compañía de nuestra guía española, y que he dejado relatado en mi anterior entrada, pero hoy íbamos a ver esos y otros interesantes monumentos y rincones de la ciudad.

Bruselas es la capital de Bélgica, la ciudad mas grande del país, y desde la creación de la Unión Europea su principal centro administrativo, donde se encuentran el Parlamento Europeo, la Comisión Europea y el Consejo de la Unión Europea. Tiene 145.000 habitantes, que se convierten en un millón, si se considera la región entera.

Durante la Alta Edad Media el territorio donde hoy se asienta Bruselas, era una área pantanosa por la que discurrían numerosos arroyos, que formaban islas; en la mas elevada de estas islas, en el siglo VII, el Obispo de Cambrai, mando levantar una ermita o capilla, alrededor de la cual se formo una aldea, que se llamaría Broeksele, (del neerlandés broek= pantano y sele=asentamiento), de donde derivaría el nombre de Bruselas.

Aunque conocida varios siglos antes, oficialmente se ha establecido la fundación de la ciudad en el año 979, en que el conde de Brabante mando construir una fortaleza, para defender la plaza.

Sin embargo la ciudad no empezó a  crecer y prosperar hasta que los condes de Brabante se instalaron en el monte Coudenberg, actual Plaza Real, en el siglo XII.

Entonces se convirtió en un importante centro comercial, a lo cual contribuyo en gran medida su situación geográfica, en la ruta entre Brujas y Colonia.

 Formo parte de las ciudades que organizaron las "Ferias de Campaña", y a partir de finales del s. XIII, de la "Liga Hanseática".

Su industria de paños, lino y mas tarde tapices, dio origen a una clase acomodada, la de Los Linajes, que se repartieron el poder municipal, consiguiendo beneficios políticos y económicos de los Duques de Brabante.

Estos Linajes tuvieron graves enfrentamientos, tanto entre ellos, como frente a obreros y artesanos, que también deseaban intervenir en los asuntos municipales, que condujeron, durante el s. XIV, a una revuelta ciudadana.

 Tras esta revuelta los obreros consiguieron agruparse en gremios y tomar una parte del poder municipal, fue entonces cuando se promulgo una nueva constitución municipal en 1.421, constitución que duro hasta 1.790.

Después de la unión de Brabante con Borgoña, y debido a distintas alianzas matrimoniales, en 1.477 Bruselas, que era la capital del nuevo ducado, paso a formar parte del Imperio Español.

Bruselas intervino activamente en las luchas político-religiosas que asolaron los Países Bajos y toda Europa, a partir de la Reforma Luterana. La inestabilidad política hundió la ciudad, que tardo en recuperarse.

En 1.713, con el Tratado de Utrech, que finalizo la Guerra de Sucesión de España a la muerte de Carlos II, los Países Bajos pasaron de la soberanía de España, a la de Austria.

Tras ser invadida primero por Luis XIV, un siglo mas tarde por los ejércitos de la Revolución Francesa y después por su continuador Napoleón, permaneció bajo dominio francés hasta la caída de Napoleón en la batalla de Waterloo, y en 1.815 se incorporo al nuevo estado de los Países Bajos.

Un nuevo movimiento insurreccional condujo a la separación de los Países Bajos en 1.830, y a la creación de Bélgica.

 El nuevo país nombro rey al príncipe alemán Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Ghota, que fue coronado  con el nombre Leopoldo I; al mismo tiempo, Bruselas fue nombrada capital del nuevo estado.

El desarrollo de Bruselas ha sido desde entonces constante, salvo el parón que supusieron las dos guerras mundiales, en las que fue ocupada por las tropas alemanas.

Hoy día Bruselas es una ciudad cosmopolita, capital política de la Unión Europea, y sede de la OTAN.

Otra de sus importantes tareas es la de ser arbitro de las diferencias, por el momento irreconciliables, entre las comunidades mas importantes del país, los flamencos, en el norte, de habla neerlandesa y los valones, en el sur, de habla francesa.

Después de esta breve introducción, sobre la fundación, historia y desarrollo de esta esplendida ciudad, pasemos a recorrerla, como he dicho, primeramente en bus y luego paseando.

Enfilamos, pues, desde el hotel hacia Laeken.

El Parque de Laeken fue creado en 1.850 por el rey Leopoldo II, y es una de las mas extensas zonas verdes de Bruselas y una de las mas bellas.

Dentro del Parque se encuentra el palacio real, proyectado por Montoyer para el archiduque Alberto de Austria, que se convirtió mas tarde en residencia de la familia real.

                                                                    
También se puede ver el monumento dedicado a Leopoldo I, de 50 m de altura y estilo neogótico,
                                                                       

y otro pequeño palacio, Villa Belvedere, residencia actual de Alberto II, el rey que abdico en su hijo Felipe, hoy Felipe I, el pasado mes de julio.
                                                                       
Los dos palacios se nos mostraban casi ocultos por los arboles frondosos de la primavera, mientras que el monumento a Leopoldo I se veía perfectamente, en la Plaza de la Dinastía.

En el parque hay también varios pabellones que fueron rescatados de la Exposición Universal de 1.897, organizada por Leopoldo II, como el Pabellón Chino
                                                               

 y el Museo de Arte Japonés, a los que se ha añadido la Torre Japonesa,
                                                                     

construida para la Exposición Universal de París de 1.900, que gusto tanto al rey que la mando comprar e instalar en el Parque. 

Para completar la visita a Laeken llegamos a uno de los símbolos mas conocidos de Bruselas y de Bélgica, el Atomium, que tuve ocasión, cuando era una niña y viaje con mis padres, de ver durante la Exposición Universal de 1.958, para la que fue construido.

Diseñado por André Waterkeyn, esta maravillosa creación, con sus esferas conectadas, tiene la forma de un cristal de hierro, ampliado ciento sesenta y cinco millones de veces. 

 Restaurado en 2.004, ahora luce como recién hecho, pues se han sustituido las laminas de aluminio que cubrían las esferas, por acero inoxidable de mas duración y mucho mas brillantes.

                                                                          
Hicimos una parada larga, bajamos de nuestro vehículo y contemplamos el Atomiun desde todos los ángulos

En los alrededores del Atomiun quedan algunos de los pabellones de la Exposición e 1.958 y hay instalado, aunque ya por poco tiempo un parque de atracciones, llamado Mini Europa, que va a ser demolido este mismo año, ¿para qué?, pues, como no, para construir viviendas y seguramente, algún centro comercial, destruyendo de paso zona arbolada.

Después de volver al centro de la ciudad recorrimos el bulevar Leopoldo II, magnifica avenida levantada por este rey, en su deseo de hacer la capital, monumental; este bulevar estuvo sacrificado al tráfico automovilístico, llegando a tener un viaducto aéreo, que desapareció durante los años 1.990-91, cuando las autoridades regionales decidieron la renovación y restauración de Bruselas.

 A lo largo de él se suceden grandes y ostentosos palacetes, de diversos estilos: piedra blanca tallada, estilo clasicista francés, con balcones de hierro forjado, etc., separados de la calle por jardincillos y rejas, destinados, en su momento, a la alta burguesía de la ciudad.

                                                 

                                                                    




Particularmente destacable es la "Casa Stoclet", el primer edificio "Art Noveau" de la ciudad. Diseñada por encargo del ingeniero Stoclet, hijo de ricos banqueros belgas, por Josef Hoffmann y otros artistas de la Secesión vienesa, como Klimt que hizo los frisos del comedor, ha sido elogiada y alabada desde entonces.



                                                                 
El bulevar acaba en el Parque Woluwé y los estanques Mellaert, uno de los parques mas bonitos de Bruselas.                                                                                 

                                                                       
 De vuelta al centro de la ciudad nos encontramos con la Basílica el Sagrado Corazón, en el barrio periférico de Koekelberg, algo alejado del propio centro, desde la que se tienen las mejores vistas de la ciudad. El mirador de la terraza de la iglesia, situado a 53 m de altura, ofrece una amplia panorámica de 180º.
                                                                    

Se puede considerar la basílica como una joya de la arquitectura del s. XX, en el estilo "Art Deco", construida para commemorar el 75 aniversario de la creación de Bélgica a instancias del rey Leopoldo II, que entre otros calificativos, no tan benévolos, tiene por sobrenombre el de Constructor, ya que lleno su capital de imponentes edificios.

Leopoldo puso la primera piedra en 1.902 , pero la construcción tuvo que detenerse debido a las dos Guerras Mundiales, de modo que no se vio terminada hasta  1.971.
                                                                 

El macizo monumento se divisa a distancia, desde muchos puntos de la ciudad; llama la atención su enorme cúpula verde, que corona la iglesia, combinada con la piedra caliza, color terracota.
                                                   
El interior es inmenso, de manera que es utilizado, además de para el culto católico, para otros variados usos, como exposiciones, reuniones, etc.

Cuando pasamos por la iglesia vimos que estaba en restauración, es decir llena de andamios; desde mi punto de vista, puede ser un edificio majestuoso, pero no bello.

Desde la altura donde esta ubicada la Basílica del Sagrado Corazón, bajamos al centro ciudad.

Vimos el Edificio Berlaymont, donde tiene su sede la Comisión Europea y donde se alojan tres mil privilegiados funcionarios de la Unión Europea, y no son todos los trabajan en las instituciones europeas, hay mas en otras oficinas, dispersas por la ciudad.

El Edificio Berlaymont se llama así por ocupar el solar del antiguo convento de las "Damas de Berlaymont" institución dedicada a la enseñanza de niñas, con una antigüedad de 300 años, que el gobierno de Bélgica compro, ya que deseaba que la recién creada CE, tuviera su sede en el centro de la ciudad.

Después de demolido el antiguo convento, en 1.960 se edifico el actual edificio de acero y cristal .
                                                                                  

                                                                                    

Muy cerca de este edificio, en una pequeña plaza, casi un rotonda, hay una estatua de un hombre desnudo, en actitud pensativa. Se trata del rey Leopoldo II, que según la leyenda tuvo que vender todo su patrimonio, para poder comprar el extenso territorio africano que fue el Congo Belga, después de manifestarse en la Conferencia Geográfica de Bruselas, convocada por él en 1.867 como un defensor filantrópico de los africanos, a los cuales decía querer proteger de la explotación comercial, logrando así que se reconociera la creación del Estado Libre del Congo, como una propiedad suya, a título personal.

Sin embargo, los desmanes cometidos durante la ocupación del territorio, autentico y gigantesco campo de trabajos forzados, donde se obligaba a los habitantes a trabajar como esclavos, provoco miles y miles, millones de muertos.

Gracias a la creación del Estado Libre del Congo, Leopoldo convirtió Bélgica en una potencia colonial y a él mismo en  un hombre inmensamente rico.

A pesar de los informes de diferentes europeos, periodistas, misioneros, viajeros, y enviados de otros países, además de la creación de una comisión que estudio los terribles hechos, Leopoldo mantuvo su Estado Libre desde 1.884 hasta 1.908, en que  tuvo que firmar el acta de "Donación Real", por la que traspaso la propiedad a Bélgica, que desde entonces la gestiona; una  parte de las beneficios anuales se entrega a la familia real.

Casi todo el territorio que fue el Estado Libre del Congo, es actualmente  la República Democrática del Congo.

Seguimos hasta llegar a la iglesia de Nuestra Señora del Sablón, preciosa iglesia gótica, seguramente la mas bella de Bruselas y de toda Bélgica.

La iglesia de Nuestra Señora del Sablón, fue construida a iniciativa de la poderosa agrupación de los ballesteros en 1.304, en una parte de los terrenos donados por las religiosas del Hospital de San Juan, que eran sus propietarias.
                                          
                                                       
La primitiva iglesia fue restaurada en estilo gótico a finales del s. XV.


                                                                       
                                                                   
Muy cerca de esta iglesia están los Jardines del Pequeño Sablón, una pequeña plaza rectangular y vallada, con jardines, fuentes, estatuas y bancos, donde descansar, en pleno centro de Bruselas. Entre su adornos destacan su magnifica verja y las cuarenta y ocho columnas que tienen en lo alto, una estatuilla representando a cada uno de los gremios del s. XVI.

                                                                                 
 Pasamos después por el extenso espacio ocupado por los grandes edificios oficiales como son el Palacio Real y la sede del Parlamento Belga.

El Palacio Real es la residencia oficial de los reyes, aunque ellos ya no viven en él, sino, como hemos visto, en el Palacio de Laeken, siendo utilizado actualmente para recepciones oficiales de grandes e importantes visitantes.

El palacio fue construido en 1.779, por el rey Guillermo I de los Países Bajos, siendo posteriormente remodelado y ampliado por Leopoldo II.
                                                                   


Enfrente del Palacio Real se encuentran las Cámaras Federales o Parlamento Belga, edificio construido en 1.779, según planos del arquitecto francés Barnabé Guimard.
                                                                           

Seguimos después, por la Plaza Real, rodeada por varios grandes museos, como el Museo de Artes Antiguas, Museo de Artes Modernas, Museo Bellevue, Museo de la Dinastía y el Museo de instrumentos musicales.

La Plaza fue diseñada a finales del siglo XVIII, en el lugar que había ocupado el Palacio de los duques de Brabante, en la colina Coudenberg.

En el centro de la plaza se encuentra la estatua ecuestre de Godofredo de Bouillon, realizada por el escultor Eugène Simonis, en 1.848. 
                                                                                 

Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena, nació hacia 1.060, y fue el jefe de la 1ª Cruzada, y gobernador de Jerusalén,  ya que al entrar en Jerusalén, conquistada a los turcos, rehuso el título de rey de Jerusalén, pues no quiso ser coronado en la ciudad donde Jesús había muerto.

En su lugar tomo el nombre de Protector del Santo Sepulcro, por lo que se le considera fundador de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén.

 La estatua de Godofredo de Bouillon se encuentra delante de la iglesia de Saint Jacques de Coudenberg, que ocupa el lugar de la capilla ducal del castillo de los duques de Brabante, que después de distintos avatares y sucesos, cuando fue testigo de las luchas religiosas entre católicos y protestantes, se incendio en 1.731. La construcción de la actual iglesia duro de 1.776 a 1.787, siendo levantada en estilo neoclásico.
                                                                             
                                                                                                                                                     
Desde allí llegamos a la Catedral de Santa Gúdula y San Miguel, que ya habíamos visitado la tarde anterior, pero que no nos importo ver de nuevo.
                                                                                                                                                 

Ya no subimos mas al bus, sino que continuamos andando hasta la cercana Gran Plaza, que ya conocíamos de ayer, pero es tan esplendida y bella que la recorrimos de nuevo gustosamente.

                                                                 
Para acabar con la visita guiada, nos acercamos por una calle que sale de la Gran Plaza, a otro de los monumentos mas conocidos de Bruselas el Menneken Pis.

El Menneken Pis es una  estatua de bronce de 61 cm, que representa a un niño pequeño orinando en el cuenco de una fuente, colocado, todo ello, en un nicho barroco.



Había una estatua de piedra parecida, en el mismo sitio desde el s. XV e incluso puede que antes, que fue robada en varias ocasiones, hasta que en 1.619 se sustituyo por una de bronce, debida al escultor Jerôme Duquesnay, el Viejo; la que vemos ahora es una reproducción, ya que en 1.960 fue robada por gamberros. La difusión de esta noticia y de su posterior recuperación, contribuyo grandemente a la fama internacional de la estatuilla.

Ahora el original está en el Museo de la Villa de Bruselas.

El origen de la pequeña estatua ha formado diversas leyendas, todas relacionadas con un niño orinando.

El Menneken Pis aparece casi siempre vestido con diferentes trajes, que dependen de la celebración de una fecha señalada, o una determinada profesión. Tiene mas de 800 trajes, conservados en el mismo museo que la estatua original.

El lugar siempre tiene un coro de turistas admiradores. Cuando pasamos nosotros, un operario estaba vistiendo al Menneken de personaje antiguo con jubón y calzas, todo en negro. Observamos durante un ratito la complicada operación.

Había acabado el recorrido turístico. Regresamos al hotel, por las calles del centro, bastante laberínticas, para descansar, antes de ampliar la visita a Bruselas por la tarde.

Antes de empezar nuestro segundo o tercer paseo por Bruselas estuvimos tomando un tentempié en una de las mas celebres cervecerías de la ciudad, el Café "La mort subite" (la muerte súbita), un negocio familiar y muy tradicional, donde tienen cerveza con su propio nombre y donde los habitantes de Bruselas van a degustar sus especialidades, como tostas y tortillas. Pudimos comprobar el ambiente del lugar, donde abundaban las familias y gentes locales y no así los turistas.
                                                                       

Después, puesto lo que queríamos volver a ver era Nuestra Señora de Sablón, que nos había dejado con ganas de contemplarla despacio, subimos por una calle que sale de la estatuilla del Menneken Pis y llega a colina, donde se halla la iglesia.

                                                                               
El interior del bello templo es sencillo y luminoso; la luz natural entra por las once enormes vidrieras de quince metros de altura, que rodean el altar.

Llama la atención el púlpito de madera labrada de 1.697, de la misma época y estilo que el de la catedral, aunque no tan grande.
                                                                               

Para regresar al centro escogimos una  de las partes mas monumentales de Bruselas, desde el conjunto de museos, el  Palacio de la Corte Constitucional y demás monumentos de la zona, para emprender la bajada por la gran escalinata de los Jardines de Mont des Arts, también conocidos como plaza Albertina, desde donde se tiene una de las vistas mejores de la ciudad, divisandose durante todo el trayecto la torre del Ayuntamiento, en la Gran Plaza, que hace de fondo a este magnifico escenario, para acabar en la Plaza de la Putterie, curioso nombre en verdad, que le viene de un desaparecido barrio, de este mismo  nombre.

Al acabar la bajada nos encontramos con la estatua de la reina Isabel, esposa de Alberto I, muy querida por los ciudadanos belgas; conocida por su amor a la cultura, y llamada la "reina enfermera", ya que durante la 1ª Guerra Mundial permanecio junto a su marido en el frente de Yser, durante los cuatro años de la contienda.
                                                                               

Cerca de la misma hay otra estatua de su esposo el rey Alberto I.

Al poco llegamos a la Gran Plaza, de allí fuimos aproximandonos a nuestro hotel, no sin antes hacer una parada en un café enfrente del Palacio de la Bolsa, donde cenamos.

Un día, este, bien aprovechado                                                                            

viernes, 8 de noviembre de 2013

Tarta de pera y manzana

                                                                         


Tarta deliciosa, intensamente frutal, y con pocas calorías, para ser un postre.

Ingredientes
                                                                    

1 manzana
2 peras
80 ml de leche desnatada
65 g de azúcar
1 cucharadita de azúcar vainillado
85 g de harina
1 cucharada de levadura en polvo
35 g de mantequilla
1 pizca de sal
azúcar glas
el zumo de 1/2 limón

Elaboracion

Pelar la manzanas y las peras.
Cortarlas en láminas finas, retirando el corazón.
Rociarlas con el zumo de limón, para que no se oxiden.
Batir los huevos con el azúcar y la sal, hasta que doblen su volumen.
Añadir el azúcar vainillado, la leche y 25 g de mantequilla blanda, batiendo bien todo.
Añadir 65 g de harina tamizada con la levadura, y seguir batiendo    hasta incorporar todos los ingredientes.
                                                               


Dividir la masa en dos cuencos.
Añadir a uno de los cuencos las láminas de pera y al otro las de manzana.

                                                             
Precalentar el horno a 200ºC
Engrasar un molde co n el resto de la mantequilla. Espolvorearlo con la harina restante. Volcarlo y sacudirlo par eliminar el exceso de harina.
Verter dentro del molde primero la masa de manzana y, después, la de pera.
Bajar la temperatura del horno a 180ºC.
Meter la tarta y cocerla durante 35 minutos.

                                                          

Esperar a que este templada para desmoldarla.
Espolvorearla con azúcar glas.
                                                

Servir tibia o fría.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Viaje a Bélgica y los Paises Bajos. 1er día: de Oviedo a Bruselas

Hace pocos meses, en la primavera pasada, mi marido y yo visitamos estos dos interesantes países.

Conocí Bélgica hace mucho tiempo, cuando viaje con mis padres desde París, donde pasábamos el verano, para visitar la Exposición Universal de 1.958, en Bruselas, gran experiencia para una chica tan joven.

También desde París, cuando viví allí con mi marido, hicimos una escapada a Bélgica con unos amigos y recorrimos alguna de sus famosas ciudades, como Bruselas, Gante o Brujas, pero, hacia décadas que no había vuelto.

En cuanto a Holanda, la conocí mucho mas tarde, y tan solo habíamos estado en Amsterdam.

Ahora íbamos a tener ocasión de ver estos dos países, recorriendo los lugares que conocíamos y otros del todo nuevos.

Salimos, pues, del aeropuerto de Asturias y llegamos a Bruselas, con transbordo en Madrid, ya que no hay vuelo directo, sin incidencias. En Bruselas nos esperaba la guía del grupo, una chica muy agradable y diligente que nos acompaño durante todo el viaje, y nos llevo, para empezar, por el enorme y laberíntico aeropuerto de Bruselas.

Seguidamente un autocar, donde hicimos todos nuestros desplazamientos, nos llevo al Novotel de la rue Vierge Noir, muy cerca de la Plaza de la Bolsa y del centro de la ciudad,

Antes de adentrarnos en ella, sepamos algo del país que íbamos a visitar.

Bélgica es un país nuevo, creado en 1.830, con menos, por lo tanto, de dos siglos de existencia; no así el territorio sobre el que se asienta, que ha tenido una larga y complicada historia, con innumerables cambios demográficos, políticos y culturales, desde que Julio Cesar lo conquistara, entre el año 58 y el 51 a.C., para la República Romana, dejando constancia en su obra "La guerra de las Galias", de la bravura de los primitivos pobladores, la tribu de los belgas.

En el año 27 d.C. el emperador Augusto, dividió la Galia en cuatro provincias, una de las cuales era la Gallia Belgica, mucho mas extensa que la Bélgica de hoy día.

 La administración romana, durante la cual sucedieron diversas invasiones, y guerras entre tribus, duro hasta el s. V, en que después de recibir oleadas de francos y otros pueblos germánicos, acabo siendo parte del Imperio Merovingio, para pasar, una vez desaparecida esta dinastía en el s. VIII, a ser el corazón del Imperio de Carlomagno.

Después de la muerte de Carlomagno, durante el reinado de su hijo y heredero Ludovico Pío, el imperio carolingio sufrió un rápido declive, y tras las guerras fratricidas entre sus hijos, la Galia Bélgica quedo dividida en las que se convertirían, siglos después, en las naciones de Francia y Alemania.

Las incursiones de los vikingos, desde la costa hasta el interior del territorio, saqueando iglesias, monasterios y poblados, durante los s.s.IX y X, provocaron el desarrollo del feudalismo, pues duques y condes se ofrecían como protectores de los lugareños, aumentando de esa manera su poder y consecuentemente sus dominios, de tal manera que en el s. X, la región estaba formada por siete territorios feudales, unos vasallos del emperador alemán y otros del rey francés, además de los territorios autónomos regidos por la Iglesia, entre los cuales destacó, por su riqueza y autonomía, el obispado de Lieja, donde hubo, desde esas antiguas épocas, una gran actividad metalúrgica.

Los territorios que conformarían Flandes, en cambio, no tenían materias primas, pero desarrollaron una importante industria textil, convirtiendo lanas y sedas importadas, en productos textiles de gran calidad, lo cual propicio un gran desarrollo del comercio con el resto de Europa, con el florecimiento de las ciudades de Brujas, Ypres y Gante durante los s.s. XII y XIII.

Debido a esto, surgió una rica clase burguesa de artesanos y mercaderes, que exigía poder político, y que, por ese motivo, se enfrento, a lo largo del s. XIV, con la aristocracia, con la que llego, finalmente, a acuerdos politicos.

Tras innumerables episodios guerreros con los reinos vecinos, sobre todo con Francia, a la que tuvo que ceder parte del territorio, así como también epidemias que diezmaron la población, y que debilitaron la economía, llego una nueva prosperidad cuando, todo lo que sería mas tarde Bélgica, paso a manos de la casa ducal de Borgoña por herencia, y mediante una  política de alianzas matrimoniales, y compras de territorios, de manera que en los s.s. XIV y XV estaba formado el imperio borgoñón de la dinastía Valois, cuyos duques, aunque oriundos de Borgoña, en Francia, prefirieron Bruselas para residir.

El duque Felipe III de Borgoña, el Bueno, que consolido sus posesiones, era el hombre mas rico de Europa y su corte el centro de la cultura y la moda. Fue una época de construcción de grandes monumentos como el Ayuntamiento de Bruselas, rodeado de los magníficos edificios de los gremios, entre otros; hubo grandes pintores que conocemos con el nombre de flamencos; se levantaron  iglesias, campanarios, mercados, etc.


Tras mas de un siglo de imperio borgoñón, el cuarto y último duque, Carlos el Audaz, o el Temerario, fue asesinado bajo la instigación de su favorito, el conde de Campo Basso, durante el sitio de Nancy, dejando como heredera a su única hija, María.

Varios reyes pretendieron a la rica heredera, que finalmente caso con el futuro emperador Maximiliano de Habsburgo, de manera que las posesiones borgoñonas, entre las cuales los Países Bajos, pasaron a dominio austriaco.

Su hijo Felipe el Hermoso, caso con Juana I de Castilla, hija de los Reyes Católicos, con lo que introduciría la dinastía de los Habsburgo en España.

El hijo de Juana y Felipe, Carlos I, que llego a ser emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el nombre de Carlos V, heredo no solo España y sus inmensas posesiones de ultramar, sino las posesiones borgoñonas, por lo cual gobernó unos territorios en los que según la frase consagrada, no se ponía el sol.

Después de un reinado, en el que se produjo, en diversos países de Europa, la separación de los cristianos con la Reforma Protestante, quedando por un lado las diferentes iglesias evangélicas y por otro los católicos, y de diversas guerras para conseguir ser nombrado Emperador, así como de sangrientos episodios de las guerras de religión que asolaron Europa durante el s. XVI,  los Países Bajos siguieron, desarrollándose y enriqueciéndose, tanto con la industria textil, como por el comercio y tallado de diamantes.

Su hijo y heredero Felipe II continuo con las guerras de religión y reprimió con dureza a los Países Bajos, parte de los cuales se habían hecho protestantes.

Mientras en el s. XVII los Países Bajos seguían gobernados por España, con diferentes disturbios y levantamientos, el rey de Francia Luis XIV, invadió estos territorios apoderándose de parte de Flandes y de Valonia. La guerra franco-holandesa se prolongo durante décadas, dejando asolado el territorio, que se empobreció enormemente, siendo  su punto culminante 1.695, cuando Luis XIV  bombardeando Bruselas, la dejo casi completamente destruida.

A la muerte sin descendencia de Carlos II, y la ascensión al trono de España del nieto de Luis XIV, el Duque de Anjou, Felipe de Borbón, las potencias europeas se enfrentaron una vez mas, en la Guerra de Sucesión (1.700-1.710) , y España tuvo que ceder los Países Bajos a los Habsburgo de Austria.

La invasión de Luis XIV no fue la única llevada a cabo por Francia que tuvieron que soportar los Países Bajos, ya que en 1.794, el gobierno surgido tras la Revolución Francesa, invadió estos territorios, que quedaron en manos francesas hasta la definitiva caída de Napoleón, sucesor de los revolucionarios, en la batalla de Waterloo, muy cerca de Bruselas, en 1.815.

Tras la derrota de Napoleón se creo, en el Congreso de Viena, el Reino Unido de los Países Bajos, con el objeto de mantener el equilibrio de fuerzas en Europa. 

Aunque al principio pareció una buena solución, pronto se vio que el rey Guillermo de Orange-Nasseau, coronado como Guillermo I, no podía resolver los graves problemas políticos suscitados entre los hablantes de francés o de neerlandés, poniendo en pie de guerra a ambas comunidades. La chispa salto durante una representación de ópera, que inicio la revolución belga de 1.830.

A principios de 1.831, la Conferencia de Londres reconoció la independencia de Bélgica, con la creación de este país, que comprendía también Luxemburgo, pero esta independencia no fue reconocida por Holanda hasta que consiguió que una parte de Luxemburgo se segregara en 1.839, y pasara de nuevo a Holanda, que, después de tensiones y conflictos, en 1.890 se convirtió en lo que hoy día es el Gran Ducado de Luxemburgo.

Después de dejar de lado otros pretendientes, fue elegido como rey de Bélgica el príncipe alemán Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha, coronado con el nombre de Leopoldo I, que inauguro una nueva dinastía, que por el momento ha dado siete reyes.
                                                                 

 Su reinado se extendió de 1.831 a 1.865. Le sucedió su hijo Leopoldo II.

El segundo rey de los belgas (1.865-1.909), escribió algunas de las páginas mas negras de la colonización de África , ya que es el responsable de la muerte de, al menos, diez millones de congoleños durante su dominio en el Congo.

Durante su juventud había realizado numerosos viajes por el mundo, que marcarían su política expansionista y su decisión de convertir su pequeño país en uno que tuviera peso en la escena internacional, y a si mismo en un hombre inmensamente rico.

Para ello convoco y presidio la Conferencia Geográfica de Bruselas en 1.876, con el propósito de elaborar normas filantrópicas de protección a los africanos, y erradicar la trata de esclavos, ya que con las últimas exploraciones se estaba preparando la penetración y colonización del continente por los europeos, presentándose, él mismo, como el gran protector de los africanos.

De tal forma convenció a los expertos y científicos reunidos en la Conferencia, que en la siguiente Conferencia de Berlín de 1.884, sobre los mismos temas, le fue permitida y reconocida la creación del Estado Libre del Congo, como un territorio perteneciente a título privado de Leopoldo II, y no como colonia de Bélgica.

Para hacerse con el Congo le fueron concedidos prestamos por el Estado Belga, y también recibió la ayuda de la Asociación Internacional África, creada por él mismo, que abrió carreteras y creo una red ferroviaria a lo largo del río Congo.

Leopoldo II mando, a sus expensas, a un ejercito de mercenarios a su servicio para controlar la región y convertirla en un gigantesco campo de trabajos forzados, imponiendo a la población indígena altas cuotas de producción de caucho, cuya demanda mundial se había disparado con la creación del automovil, de la moto y del aumento del uso de la bicicleta, con métodos de alta violencia. La población congoleña quedo reducida a la mitad, debido a los asesinatos, las torturas, el hambre, el agotamiento, las enfermedades y el desplome de la natalidad.

                                                                           
A partir de 1.895, gracias al misionero Henry Guiness y al  periodista Edmund Morrel se fueron conociendo algunos de los crímenes perpetrados por el dueño del Estado Libre del Congo, pero no fue hasta 1.908 cuando Leopoldo II fue obligado a transferir su "propiedad" al Estado Belga, a cambio de 50 millones de francos, en lo que se llama la "Donación Real".

Desde 1.930 la Donación Real es un organismo público autónomo del Estado Belga, que gestiona el patrimonio heredado de Leopoldo II, parte de cuyos bienes son puestos, anualmente, a disposición de la Casa Real Belga.

Bélgica siguió explotando las riquezas del Congo con las mismas compañías que cuando era propiedad del rey, con mano de hierro, aunque las condiciones de los trabajadores indígenas se suavizaron ligeramente.

Con la fortuna amasada en la explotación del Congo, Leopoldo se convirtió en un gran promotor de obras públicas en Bruselas, como el Palacio de Justicia, la Avenida Terveuren, el complejo palaciego de Laeken, actual residencia de la familia real belga, el Parque del Cincuentenario, con el Arco del Cincuentenario, para celebrar el 50 aniversario de la creación de Bélgica. También embelleció la ciudad de Ostende y adquirió un gran patrimonio forestal y agrícola en las Ardenas, donde se hizo construir cuatro castillos.

Mientras en el Congo los habitantes eran sometidos a un genocidio, en Bélgica hizo aprobar numerosas medidas sociales, como la creación de sindicatos, la prohibición del trabajo para menores de 12 años, el descanso semanal y otras.

Al estar vigente la Ley Sálica y  haber muerto en la infancia su único hijo varón, fue sucedido por su sobrino Alberto, el tercer rey de los belgas.

Durante su reinado (1.909-1.934) Bélgica continuo con la explotación del Congo, sometiendo a los nativos a un trato parecido al del reinado anterior de su tío Leopoldo II, aunque algo menos duro. Se implanto un procedimiento para los trabajadores nativos de segregación racial parecido al apartheid de Sudáfrica, aunque con límites menos definidos, mientras Bélgica presumía de una política paternalista, reflejada por ejemplo, en obras como el episodio del conocido tebeo "Tintin en el Congo", que glorificaba su "misión civilizadora.

Durante la Primera Guerra Mundial, Bélgica se declaro neutral, pero aun así fue invadida por Alemania, y al contrario de lo que esperaban los alemanes el ejercito belga opuso una gran resistencia, comandado por el rey Alberto I, que se convirtió en un héroe nacional.

 El rey murió en 1.934, a causa de las heridas que se produjo durante una escalada.

Le sucedió su hijo Leopoldo III (1.934-1.951), durante cuyo reinado Bélgica, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, fue invadida por Alemania, a pesar de que se había declarado, de nuevo, neutral.

El rey no tuvo mas remedio que aceptar una rendición incondicional, pero al no querer colaborar con los invasores, fue hecho prisionero hasta el final de la guerra; mientras, el gobierno belga se había exiliado en Londres y estaba en contra de que el rey permaneciera en el país ocupado.

 Esto provoco un grave conflicto constitucional, al no reconocerle el gobierno como rey legitimo, y ser, también, rechazado por su pueblo.

Aunque al finalizar la guerra, una comisión de investigación lo exonero de todo cargo de traición, y posteriormente se celebro un plebiscito, que dio resultado afirmativo para su regreso a Bélgica, que se produjo en 1.950; sin embargo una campaña de acoso y derribo contra su persona, llevada a cabo por la izquierda, hizo que abdicara poco mas de un año después en su hijo Balduino.

Leopoldo se quedo a vivir el resto de su vida en Bruselas, donde estuvo en contacto con su hijo, al que asesoro en labores de gobierno.

Balduino I reino desde 1.951, año en que su padre abdico, hasta 1.993, cuando murió repentinamente, mientras pasaba el verano en Motril, Granada, España.

Durante su reinado se produjo la independencia del Congo en 1.960, que puso fin a Bélgica como potencia colonial.

Caso, también en 1960, con la aristócrata española Fabiola de Mora y Aragón, con la cual no tuvo descendencia, sacudiéndole en el trono su hermano Alberto, con el nombre de Alberto II.

Alberto II ha reinado veinte años. Recientemente, en el mes de julio de 2.013 abdico en su hijo Felipe, el actual rey.

 El próximo rey de Bélgica será reina, ya que, abolida la ley sálica, la primogénita de Felipe y de su esposa, la aristócrata belga  Matilde d´Udeken d´Acoz, es Elisabeth, de 12 años.

Hoy día es uno de los países mas desarrollados y prósperos del mundo.

Fundador entre otros de la Unión Europea, tiene, en su capital Bruselas, la sede de varias instituciones europeas.

Pues bien, ya estábamos en este país, y después de descansar brevemente salimos a dar una vuelta acompañados al principio por nuestra guia, que nos llevo desde el hotel hasta la catedral.

El primer monumento con que nos encontramos fue el Palacio de la Bolsa, en la Avenida Anspach, una de las arterias que cruza la ciudad.                                                                                            
                                                                           

Este grandioso edificio fue construido entre 1.868 y 1.873 por el arquitecto León Suys; tiene unas impresionantes escaleras flanqueadas por dos leones, con columnas sostenidas por cariátides, obra del taller de escultura Carrier-Belleuse, donde paso una larga temporada, al inicio de su carrera, el luego famoso escultor francés Auguste Rodin, al cual son, a veces, atribuidas.

Todos las esculturas y adornos tienen un simbolismo determinado, relacionado con la economía.

Desde la Bolsa, por una calle muy concurrida, donde se encuentra la iglesia de San Nicolás, restaurada en varias ocasiones después de saqueos y bombardeos, de tal manera que su fachada  gótica es de 1.956, aunque en el interior, que no vimos, se conservan partes muy antiguas como el coro,
                                                                             

se llega a la Gran Plaza, autentica joya de Bruselas, una de las plazas mas bellas del mundo.
                                                                           

En ella se encuentran el Ayuntamiento, rodeado de las casas de los gremios y la Casa del Rey.
                                                               

La Gran Plaza forma un conjunto arquitectónico impresionante, que data del s. XVI, corazón geográfico, histórico y comercial de Bruselas.

El origen de la Gran Plaza hay que buscarlo en el mercado que se hacia en ella desde el s. XI, donde comenzó el desarrollo comercial del lugar, con la creación de un barrio al lado del punto donde el río Senne se hacía navegable, cuya parroquia era la iglesia de San Nicolás, que hemos visto mas arriba, patrono de los comerciantes.

A lo largo de los siglos la plaza fue transformada y acogió además del mercado tradicional, otro de tejidos, la primera y mas importante industria de la ciudad.

El Ayuntamiento, es el primer edificio que se construye, a principios del s. XV, sustituyendo al antiguo de madera; alrededor de la plaza se van levantando las casas de los gremios, que cada vez tienen mas importancia y poder.

En 1.695 durante la invasión de las tropas francesas de Luis XIV, fueron destruidos gran parte de los edificios que tuvieron que ser reconstruidos mas tarde; el único que quedo en pie fue el Ayuntamiento.

Mas tarde los ejércitos de la Revolución Francesa invadieron de nuevo Bruselas y destruyeron los símbolos y estatuas del Antiguo Régimen.

Hoy día después de la restauración efectuada en el s. XIX, tratando de dejar la plaza tal como estuvo en sus mejores tiempos, podemos verla en todo su esplendor.

La Gran Plaza sirvió también de marco a numerosos torneos, sobre todo desde principios del s. XV ; príncipes y grandes señores participaban en los torneos, como p.e. Carlos I, rey de España y dueño de los Países Bajos, además de otros inmensos territorios, y su hijo, el futuro Felipe II.

Otros acontecimientos que tenían por escenario la Gran Plaza eran fiestas, procesiones, recepciones de autoridades extranjeras y matrimonios principescos.

El bello edificio del Ayuntamiento es el mas importante y antiguo de la Gran Plaza. Construido en 1.459, destaca su torre de 96 m de altura, rematada con una estatua de San Miguel.
                                                               

La Casa del Rey, levantada inicialmente en 1.536 y reformada en 1.873, fue, durante muchos años, lugar de residencia del monarca reinante, siendo hoy día el Museo de la Ciudad, donde se exponen pinturas del s. XVI, algunos tapices y el gran guardarropa del Menneken Pis.


La Casa de los Duques de Brabante entre los números 14 y 19 cuya fachada comprende seis casas gremiales, entre las que está en el número 16, la Casa de la Corporación de Molineros ; se la conoce por este nombre por los bustos que coronan las pilastras.
                                                                           
                                                                                                                                             
Su construcción data de 1.698, cuando fue reconstruida después del bombardeo de las tropas francesas de Luis XIV.

Otras curiosidades de la Gran Plaza son algunos de los inquilinos que tuvieron sus magníficos edificios, como p. e. El Cisne, antigua sede del Gremio de Carniceros; en el nº 8, habitaron Marx y Engels, allí se reunían sus seguidores, y fue donde se fundo el Partido Obrero Belga, en 1.885.

En el edificio llamado La Paloma, nº 26 y 27, que fue la sede del Gremio de Pintores, vivió el escritor francés Victor Hugo, exiliado en Bruselas en 1.852, que bautizo la plaza como la mas bella del mundo.

No pudimos detenernos demasiado rato pues nuestra guía tenia que irse y quería llevarnos hasta la catedral.

Pasamos, antes de llegar a la misma, por la plaza de España, que presiden las estatuas de Don Quijote y Sancho Panza, del escultor Lorenzo Coullant-Valera, réplica de las que hay en la Plaza de España de Madrid, los inmortales personajes creados por Miguel de Cervantes, en homenaje a la lengua española.
                                                                                                                                                     
                                                                               
Llegamos seguidamente a la catedral.
                                                                 

La catedral de San Miguel y Santa Gúdula, gran templo gótico para el cual se empleo piedra de Gobertange, se empezó en 1.226, sobre una antigua iglesia románica del s.XI, que se  había quemado, por orden de Enrique II, duque de Brabante, concluyendose  en 1.500, aunque a lo largo de los s.s. XVI y XVI se le anexionaron algunas capillas mas.

Hasta 1.961 esta imponente iglesia colegiata no recibió el título de catedral


La fachada de  lineas verticales, tiene tres pórticos y dos torres de estilo gótico francés; carece  de rosetón, que se ve sustituido por una gran vidriera.


 El interior de tres naves, tiene, sosteniendo la nave central, unas robustas columnas cilíndricas que soportan las enormes estatuas de los doce Apóstoles, que datan del s. XVII y fueron creadas para sustituir las destruidas por los iconoclastas calvinistas en 1.566.

La iglesia ha tenido que ser restaurada varias veces después de los saqueos tanto de los calvinistas, en el s. XVI, como de los revolucionarios franceses en el XVIII.

Dieciséis capillas se abren a los lados, cada  una con una vidriera añadida en el s. XIX, con episodios de la historia de Bruselas.
                                                                                   

Llama la atención un precioso púlpito barroco de madera, realizado en 1.699, por Hendrik Verbrugghen, muy dentro del estilo de los púlpitos de casi todas las grandes iglesias del país, que representa  a Adán y Eva expulsados del Paraíso.




 además de los originales  confesonarios de roble, también del s. XVII.


Nos quedamos un rato sentados, mientras contemplábamos todo esto, acompañado de una música apropiada, que sonaba estupendamente.

A sendos lados del altar  mayor están  las estatuas, totalmente doradas, de los titulares de la catedral San Miguel, primera dedicación de la iglesia románica, y de Santa Gúdula, cuyas reliquias fueron llevadas a esta iglesia, que, entonces tomo el nombre de los dos santos.



Después de la visita a la catedral dimos por concluido el paseo de esta primera tarde en Bruselas.

 Volvimos sobre nuestros pasos, hasta llegar a la Gran Plaza, que seguía con la misma animación.

En la misma Gran Plaza hay una espectacular zona comercial, a la manera de otras que he visto, p. e. en Milán, en Napoles: las galerías Saint-Hubert donde, los distintos comercios, joyerías, bombonerías, tiendas de moda, restaurantes y cafeterías, e incluso un pequeño teatro y un cine, exponen sus mercancías, en espectaculares escaparates.
                                                                                

Las Galerías, construidas en 1.847, están divididas en tres zonas: La Galería de la Reina, la Galería del Rey y la Galería de los Príncipes, por las que pasean, tanto los habitantes de Bruselas, como numerosos turistas.

Después elegimos uno de los restaurantes de la Gran Plaza para cenar, uno de los, podríamos decir, clásicos, donde dimos buena  cuenta de algunas especialidades belgas como las quisquillas y el Waterzooi, o sopa de pollo. 

Al día siguiente seguiríamos descubriendo Bruselas.