sábado, 8 de abril de 2017

Caravaca de la Cruz y Calasparra


Nuestra ultima excursión, desde La Manga, fue a otra histórica e interesante ciudad, Caravaca de la Cruz.

Salimos de buena hora ya que el trayecto desde nuestra base a Caravaca es de mas de 130 km, y se tarda cerca de dos horas en llegar a ella.

 Pero vale la pena de verdad; en primer lugar se atraviesa una buena parte de la región de Murcia, con su  paisaje, de la vega del Segura, sus cultivos extensivos de invernaderos y arboles frutales, que han sustituido a la planta autóctona de la región el esparto, que fue durante mucho tiempo el único vegetal que se daba por esas tierras tan faltas de agua, y también casi único medio de vida, las ramblas, siempre peligrosas que pasan del secano total, a llevar torrentes de agua que arrasan todo a su paso, la Sierra de Mojantes  y los pueblos que se ven a uno y otro lado de la carretera.

Caravaca de la Cruz es la capital de la Comarca del Noroeste y cuenta con mas de 25.000 habitantes, estando situada a 625 m sobre el nivel del mar.

Desde 1.998, año en que el Papa Juan Pablo II le concedió el privilegio de celebrar Año Jubilar a perpetuidad cada siete años en torno a la Santísima y Vera Cruz de Caravaca, convirtiéndola en una de las ocho ciudades santas que gozan de este privilegio en el mundo católico, y cuyo primer año del jubileo perpetuo fue 2.003, ha habido un incremento notable de peregrinos. Precisamente este año, 2.017 es Año Jubilar en Caravaca de la Cruz
                                                 

Además de conocida por la reliquia cristiana y su bello casco antiguo de origen medieval, lo es también por sus fiestas patronales en honor de la Cruz, que se celebran a comienzos del mes de mayo, declaradas de Interés Turístico Internacional en 2.004. y principalmente el desfile llamado Caballos del Vino que aspira a ser reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, del cual hablare mas adelante.

Sepamos un poco de su larga e interesante historia antes de adentrarnos en ella.

Los restos humanos mas antiguos del termino municipal de Caravaca de la Cruz, encontrados en la Cueva Negra, pertenecen al Paleolítico, con la presencia de fuego mas antigua de Europa, y enterramientos de hombres y animales, que datan de entre 2.400 y 1.950 años ad.C.

Otros restos arqueológicos mas recientes se encuentran en el cerro donde está el Santuario de la Encarnación, construido sobre los restos de un anterior templo romano, del s. II ad.C. como se puede apreciar en su estructura.
                                                                       

A los romanos sucedieron los visigodos, siglos en los que Caravaca permanecio oculta para la historia.

Tras la invasión musulmana de 711, Caravaca de la Cruz no fue centro habitado de importancia, ya que las primeras referencias datan del s. XI.

Después de la batalla de las Navas de Tolosa en 1.212, con el imparable avance cristiano hacia el sur, es cuando tiene lugar la aparición de la Vera Cruz en Caravaca.

Cuenta la tradición que reinaba en estas tierras el caudillo almohade Abu-Zeit quien el 3 de mayo de 1.232 interrogo a uno de sus prisioneros, un sacerdote llamado Ginés Pérez Chirinos sobre sus ocupaciones, a lo que este respondió "decir misa". Intrigado por que seria esto el sayid mando traer lo necesario para este acto litúrgico; al poco de empezar la celebración de la misa  Chirinos observo que faltaba un crucifijo, sin el cual no podía continuar; en ese momento aparecieron dos ángeles que portaban la Vera Cruz y la depositaron en el altar. Ante la milagrosa aparición el sayid y los suyos se convirtieron al cristianismo.

Desde la reconquista cristiana de 1.243 a cargo del infante Alfonso, hijo de Fernando III, el Santo y futuro Alfonso X, el Sabio, el castillo de Caravaca, cuya construcción podría ser de época islámica, fue entregado, como pago a sus servicios durante la guerra, al noble aragonés Berenguer de Entenza, situación que duro hasta 1.263 en que paso a la Orden del Temple, que la tuvo en su poder hasta su disolución en 1.313, pasando después a la Orden de Santiago, ya que como zona fronteriza con el reino nazarí de Granada necesitaba de fuerte presencia militar, y permaneció casi despoblada, a causa de esta situación guerrera.

Una vez acabada la Reconquista con la toma de Granada por los Reyes Católicos en 1.492, Caravaca de la Cruz tuvo un gran desarrollo, vio aumentar su población, se roturaron nuevas tierras, atraídos por la reliquia de la Vera Cruz muchas ordenes religiosas se establecieron en la ciudad, como los Hermanos de San Juan de Dios, los franciscanos, los jesuitas, los carmelitas, los jerónimos, etc.

En el s. XVII la epidemias diezmaron la población de Caravaca y también en este siglo se empezó a construir el Santuario de la Vera Cruz en 1.617, cuyas obras concluyeron en 1.703.
                                                                                       

En el s. XVIII la demografía se restableció, produciéndose, al mismo tiempo, un auge artístico, con la construcción del edificio del Ayuntamieno, el pórtico del Santuario,
                                                                               

la cárcel, el Templete, retablos de iglesias y conventos.

Todo este desarrollo fue interrumpido de manera brutal, a comienzos del s. XIX, con la invasión napoleónica y la subsiguiente Guerra de la Independencia para expulsar al invasor.

Las tropas francesas asolaron la comarca, con su secuela de saqueos, violaciones y muertes, y a punto estuvieron de destruir el castillo, donde se habían  instalado cañones para tratar de detener la invasión.
                                                 

Acabada la guerra, y con el país arruinado, tardo casi un siglo en recuperarse, las contiendas entre liberales y absolutistas continuaron durante todo el s. XIX y empeoraron, si se puede decir así, durante varias décadas del s. XX, el ambiente social y político que desemboco en la Guerra Civil (1.936-39).

En 1.934 se produjo un acontecimiento doloroso para los habitantes de Caravaca, el robo político-sacrílego de la reliquia que albergaba la Vera Cruz, un trozo del "lignun crucis", o trozo de la cruz donde fue clavado Jesucristo; la ciudad quedo consternada por años, hasta que debido a las gestiones realizadas por el obispo de la diócesis y algunas personas mas, se consiguió, en 1.942, que el Papa Pío XII donase a Caravaca dos pequeñas astillas del "lignun crucis" que Santa Elena, madre del emperador Constantino, había traído de Jerusalén a Roma, en el s. IV.

Hoy día Caravaca de la Cruz es una prospera población, con sectores en desarrollo como el turismo rural,  cultural, religioso; los servicios, comercio, restauración; la agricultura, entre la que destancan los arboles frutales, vid, olivos y cereales; la minería y las canteras de piedra caliza.

Empezamos nuestra visita a Caravaca de la Cruz por uno de sus mas emblemáticos museos, el Museo de la Fiesta. La exposición se encuentra en el antiguo Palacio de los Uribe, un edificio construido entre los s.s. XVI y XVIII, con dos plantas.
                                                                               

                                                                                       

En la primera planta se da a conocer el origen de la Vera Cruz y se hace un recorrido cronológico de la fiesta, commemoración de la leyenda de la Cruz, con paneles informativos alrededor de la sala, y muestras a tamaño natural de los majestuosos ropajes ropajes que llevan Moros y Cristianos en los desfiles por las calles de Caravaca durante la fiesta.
                                                                 

La planta baja esta dedicada a la fiesta de los Caballos del Vino
                                                                         
                                                                   
Esta fiesta rememora una tradición que viene del s. XVII en que los caballos que transportaban el vino eran llevados al Santuario de la Vera Cruz para su bendición.

Se pueden contemplar en esta sala los atalajes de los caballos, se muestra un caballo enjaezado con las mantas que llevan en las carreras, y los mozos que llevan los caballos con la vestimenta que usan durante las carreras.
                                                                   

Después de este entretenido recorrido paseamos un rato por las calles del casco antiguo, todo muy bien conservado y entretenido.

En el centro del mismo se encuentra la Iglesia Parroquial renacentista del Salvador, situada en la calle Mayor, rodeada de monumentales edificios que forman uno de los conjuntos históricos mas importantes de la región.
                                                                           

El origen de esta iglesia está en la ampliación y reparación, a la que hubo que proceder en 1.526, de otra iglesia mas pequeña y modesta, por las necesidades de esos momentos.

La torre se proyecto en 1.609, pero no seria acabada hasta el s. XVIII.

Tiene una preciosa puerta renacentista
                                                             

 y un interior con bóvedas góticas y mucho pan dorado, ya que el retablo y la decoración son posteriores.

Seguimos paseando por sus estrechas calles, para acabar subiendo al Alcázar situado en un cerro, dentro del cual, tras las murallas, se encuentra la Basílica de la Vera Cruz, que los visitantes y todos los peregrinos de Caravaca tienen que conocer.
                                                           

 A la explanada del Santuario se accede desde la cuesta del castillo. trayecto que hicimos en un trenecito, que hace el recorrido, ya que la cuesta es pronunciada.
                                                                   

El templo es visible desde puntos distantes del enclave urbano. Todo el recinto, incluido el castillo se remodelo en el s. XVII para albergar el Santuario. Su construcción comenzo en 1.617, durante el reinado de Felipe III, siendo su arquitecto el carmelita Fray Alberto de la Madre de Dios, acabándose para 1.703, mientras que las murallas, de origen medieval y reforzadas durante la Guerra de la Independencia a comienzos del s. XIX. lo cual le da por algunas partes un aspecto curioso.

En el interior se venera el símbolo de Caravaca, la cruz patriarcal de doble brazo. El fragmento del "lignum crucis"que tiene dentro, habría sido transportado por los ángeles desde el pectoral del patriarca de Jerusalén hasta el modesto altar donde oficiaba el cura Chririnos delante del sayyid, como he relatado antes.

Durante el reinado de los Reyes Católicos se llevaron a cabo obras de mejora de la fortaleza y se la doto de una Torre del Homenaje, que posteriormente paso a llamarse Torre Chacona, del nombre del comendador Juan Chacón, que se ordeno su construccion.

El interior de la iglesia es de planta de cruz latina, con naves de arcos abocinados que llevan al centro, donde tuvimos ocasión de asistir a la Eucaristia, con exposición de la Vera Cruz.



Nos desplazamos luego por, podiamos decir, el laberinto que componen el castillo y el Santuario, que tiene el claustro de dos plantas, construido donde se encontraba el patio de Armas del castillo, que forma parte de la llamada Casa del Capellán, rehabilitada recientemente,
                                                                     

que hoy día alberga el Museo de Arte Sacro, donde se pueden contemplar colecciones de ornamentos relacionados con la Cruz, entre los que destaca la casulla del cura Chrinos, un tiraz musulmán  (taller de tejidos), adaptado a su uso litúrgico, que se cree portaba el sacerdote cuando se produjo el milagro;
                                                                 

  la pinacoteca con cuadros del pintor local Rafael Tegeo y de otros interesantes pintores.
                                                                                   

Piezas de orfebrería importantes como la Custodia Ostentorio de la Cruz, del s. XVI, el Portacruz de los Baños, ofrecidos en su momento, por el 1º y el 2º Marques de los Velez .
                                                                           
                            
                                                                           
Tras la visita al Santuario de la Vera Cruz y al Museo, había llegado la hora de comer, imprescindible actividad que realizamos en las afueras de Caravaca. Nada que recordar de tal comida.

Y para acabar de completar nuestro conocimiento de la zona nos trasladamos a Calasparra, localidad a unos 25 km de Caravaca de la Cruz, para lo cual empleo el bus una media hora.
                                                                 


Calasparra es un localidad con unos 10.000 habitantes, que pertenece a la misma comarca del Noroeste que Caravaca, conocida por las excelencias del arroz que en sus campos se produce, de la variedad "bomba".
                                                                     

En la confluencia de tres cauces fluviales, los ríos Segura, Argos y Quipar, y rodeada por las Sierras del Puerto y del Molino, se encuentra Calasparra, con sus extensos arrozales.
                                                                       


La zona ha sido habitada desde el Paleolítico; se han encontrado pinturas rupestres del último periodo Neolítico, mas o menos de la Edad del Bronce, de tipo esquemático, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

A partir del s V a.d C. el poblamiento es íbero, de cuya cultura se han encontrado importantes restos, como armamento, y cerámica  de tipo griego, debido a los intercambios comerciales a través del río Segura.

Mas adelante se sucedieron cartagines y romanos, tras su victoria en la Segunda Guerra Púnica, de 206 a.dC. Durante la época romana se realizo una gran expansión de las explotaciones agrícolas. El desarrollo de Calasparra se debió también a la presencia de varias vias romanas que comunicaban el Levante con Andalucia.

Desparecido el Imperio romano, a partir de 476 los visigodos ocupan toda Hispania. 

En 713 se produce la invasión musulmana de la cual apenas hay noticias hasta el s. XI. 

La reconquista cristiana llevada a cabo, como en todo el Levante, por el Infante Alfonso, futuro rey Alfonso X, el Sabio, hace que toda la región pase primero a la corona de Castilla, y luego a la de Aragón.

Debido al gran papel que tuvieron las Ordenes Militares en la Reconquista hizo que Calasparra pasara a la Orden de San Juan de Jerusalén u Orden de Malta, que la tuvo en su poder hasta el s. XIX.

En el s. XV, y habiendo quedado la zona despoblada a causa de su posición fronteriza, con los continuos enfrentamientos con el reino nazari de Granada, y las pestes, la Orden de malta se propuiso un  repoblamiento de estas tierras con morados cristianos, que al fin tuvo exito.

Calasparra se mantuvo, dura la Guerra de Sucesión, fiel al ya rey Felipe V

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