domingo, 29 de marzo de 2015

Pollo relleno a la mostaza

                                                                           


El relleno puede variar, pero con este que os propongo queda elegante y delicioso.

Ingredientes

                                                                                                                                                             
1pollo entero deshuesado
100 g de beicón
3 huevos
1 diente de ajo
1 rama de perejil
150 ml de brandy
3 patatas grandes
1 cucharadita de hierbas provenzales
Mostaza
Sal
Pimienta

Elaboración

Cocer los huevos 10 minutos en agua.
Escurrirlos, dejar que se enfrien completamente. Pelarlos
Lavar las patatas, quitandoles toda la tierra.
Pelar el ajo, lavar el perejil y picar ambos.
Cortar el beicón en tiritas.


                                                  
Extender el pollo, con la piel para abajo y salpimentarlo.
Untarlo con mostaza, espolvorearlo con el ajo y el perejil y cubrir con las tiras de beicón, y con los huevos troceados.
                                                             
Enrollarlo y atarlo con, hilo de cocina.
Calentar el horno, meter el pollo y dejar horneando a 220ºC, durante 30 minutos.
                                                               
                                                       


Rociar con el brandy y dejar evaporar.

Darle la vuelta al pollo.

Cocer las patatas con su piel 1/4 de hora. Escurrirlas y trocearlas.
Añadirlas a la fuente donde esta el pollo, espolvorearlas con las hierbas provenzales, y dejar en el horno otro 1/4 de hora.
                                                                                 

Sacar el pollo de la bandeja de horno, quitar el hilo y cortarlo en rodajas gruesas.
                                                               

Servir con la salsa.

domingo, 22 de marzo de 2015

Alcestes en el Teatro Real de Madrid

                                                       

Hace ya mas de un año asistí a esta ópera: Alcestes, en el Teatro Real, concretamente a la función del 9 de marzo de 2014.
                                                                       

 Una circunstancia fortuita hizo que el día anterior, 8 de marzo, falleciera el antiguo director artístico del Teatro Real, Gerard Mortier, que se había retirado hacia unos meses de este puesto, cuando le fue diagnosticada una grave enfermedad, que no pudo superar, aunque había continuado siendo asesor artístico.

No puedo decir que me haya gustado su labor como director del Teatro Real, ni mucho menos, mas bien he lamentado, no precisamente la elección de óperas, de la cual era un gran conocedor, sino mas bien la puesta en escena de muchas de ellas, su expresada afición a resaltar algunos episodios de nuestra historia que se inscriben en la "leyenda negra", mientras los ciudadanos del país que le pagaba, estábamos inermes, clavados en la silla, el exceso de escenas eróticas, en absoluto necesarias, la introducción de "pegotes", que no venían a cuento, en alguna de ellas, y, en fin,  un cierto mal gusto, que ha flotado en el ambiente estos cuatro años, lo cual ha producido una deserción importante de muchos abonados, muchas butacas vacías y el abandono, en plena función, de algunos espectadores.

En todo caso, ahora que el personaje nos ha dejado, le deseo que descanse en paz. Se guardo un minuto de silencio en su memoria, después de una breve intervención del Presidente del Patronato del Teatro Real e incluso, algunos espectadores se pusieron en pie.

La ópera representada fue Alcestes de Christoph W. Gluck (1.712-1787) compositor alemán nacido en Erasbach, Baviera, cerca de la frontera con el Imperio Austro-Húngaro, del cual no se puede decir que sea un completo desconocido para el espectador medio actual, pero cuya limitada fama es injusta, pues Gluck es una de las figuras claves de la historia de la ópera.

Hijo de un inspector forestal, se mostró rebelde en su adolescencia, hasta el punto de fugarse de casa, ganandose la vida como músico ambulante, aunque luego se reconcilio con su padre y estudio en la Universidad de Praga y, mas tarde música, en Milan.

Durante muchos años compuso operas italianas, genero que conocía bien. Sin embargo su importancia para la ópera se debe a que propugno la primera gran reforma de este genero, coincidiendo con muchos de los planteamiento de Richard Wagner, un siglo después, y a la influencia que ejerció sobre el joven Mozart.

Gluck purifico y engrandeció la recargada opera barroca italiana, acabando con los convencionalismos y la tiranía de los cantantes, simplificando los inverosímiles y complicados argumentos, en resumen produciendo la transición musical del barroco al neoclasicismo.

Al haber sido preceptor musical, durante años, de los hijos de la emperatriz María Teresa de Austria, entre los que estaba la futura reina de Francia, María Antonieta, pudo trasladarse a París, donde gozo de la protección incondicional de la reina,

En París sus óperas suscitaron una amplia polémica entre los partidarios de la renovada, por él, ópera francesa y la tradicional ópera italiana, que produjo, incluso, panfletos insultantes contra el compositor, y origino la diputa entre partidarios de Gluck y otros del músico italiano Niccolo Piccinni, compositor de óperas tradicionales barrocas, y apoyado por numerosos seguidores, y del cual hoy día nadie se acuerda, produciendo la conocida como la Querella entre gluckistas y piccinnistas.

Tras un ataque de apoplejía, y cierto desencanto por la pobre acogida de su última ópera estrenada en Paris, Eco y Narciso, regreso a Viena, donde volvió a ocupar un cargo en la corte, y donde entablo amistad con Leopoldo y Wolgang A. Mozart, en los últimos años de su vida.

A pesar de la popularidad que tuvo en vida y de los muchos honores que recibió, Gluck paso al olvido durante el s. XIX, para ser, podríamos decir, redescubierto tras la Segunda Guerra Mundial, siendo frecuentemente representadas su obras, hoy día.
                                                                 

Pasemos ahora a la ópera que se representaba esta noche.

Alcestes, ópera en tres actos con música de Gluck y libreto del poeta y libretista italiano Raniero Calzabigi (/1.714-1.795), famoso por sus varias colaboraciones con el compositor, en el proyecto de reforma de la ópera, inspirada en el Alcestes del dramaturgo griego Euripides (480-406 a.C),  fue estrenada por primera vez en Viena, en 1.767.
                                                                         

El estreno en París siete años mas tarde, en 1.774, supuso una total remodelación de la ópera, de tal manera que son casi dos operas distintas: los personajes no son exactamente los mismos y las escenas están ordenadas de forma diferente, ya que el libreto fue, podemos decir reescrito, por el diplomático, dramaturgo y libretista francés Gand Le Bland du Roullet. La versión parisina es considerada superior a la anterior y es la que se ha representado desde el s. XX, en los principales teatros del mundo, y pudimos ver en el Teatro Real de Madrid.

El argumento, en el que intervienen, tanto dioses como mortales, narra el sacrifico de una amante esposa Alcestes, cuyo marido, el rey Admeto, se halla gravemente enfermo, y es conocedora por el oráculo, de su inminente muerte, a no ser que algún humano muera en su lugar.

Alcestes se ofrece para morir en lugar de su marido, y el pueblo celebra la salvación de su rey.

Sin embargo Admeto se entera de que otro morirá en su lugar, y no sabe que es su esposa, hasta que contempla su entristecido rostro. Inmediatamente se niega al sacrificio de su mujer y decide seguirla a la tumba.

El pueblo lamenta la suerte de Alcestes y por ende la del rey, pero entonces llega Hércules, amigo de los esposos que jura salvarlos.

Alcestes se dirige al Hades seguida por Admeto; ambos discuten pretendiendo morir uno en lugar del otro, pero los dioses del Olimpo, conmovidos por tanto amor conyugal, deciden salvar a ambos. Final feliz, como premio a tanto intento de sacrificio.

La música de Gluck, que acompaña este trágico argumento es solemne, severa y magnifica; no hay "arias", como en el ópera italiana, pero me resulto bella y grandiosa.

El recién nombrado director musical de la orquesta del Teatro Real, el inglés Ivor Bolton, desaprovecho esta grandeza musical, pues su dirección fue poco estimulante, con poca tensión. Se salvaron algunos momentos del coro, y algunos acompañamientos de los cantantes.

Nos toco el segundo reparto, con la soprano ucraniana Sofia Soloviy, cuya voz, poco adecuada al difícil papel de Alcestes, que necesita mayor peso y consistencia.
                                                             

El tenor americano Tom Randle, en el papel de Admeto, tampoco resulto convincente, con una voz poco atractiva, engolada en algunos momentos y sonidos forzados.

Willard White, veterano bajo-barítono jamaicano, conocido mio de otras interpretaciones en el Teatro Real, cumplió su papel doble, como Thanatos y Sumo Sacerdote, con solvencia, aunque se le empiezan a notar los años. El resto del reparto a una altura conveniente, aunque a veces no convincente.

Y por último tengo que referirme a la puesta en escena de Krzisztof Warlikowski, al cual ya tuve que soportar como escenógrafo en la ópera Popea y Nerón, hace dos temporadas.

La época se traslada desde la Grecia clásica a nuestros días, y para, podemos decir de una manera un tanto vulgar, abrir boca, empieza con una entrevista periodística, protagonizada por la soprano que cantara mas tarde  Alcestes, representando a la fallecida princesa Diana de Gales, en la que esta declara que no amaba a su marido y que en un matrimonio tres son demasiados y algunas intimidades mas; así que, como sabemos, se dedico a hacerle la vida imposible a su marido, y ambos nos informaron por medio de la televisión, de las faenas que se hacían el uno al otro. ¿Qué, iba a decir demonios, tienen que ver Alcestes y Diana?

En ningún momento queda claro el proceso mental de Warlikowski. Lo que en cambio queda claro es el mal gusto de este escenógrafo, y su desagradable puesta en escena.

La trama, transcurre, en gran parte, en una morgue, donde los muertos se contorsionan, clara referencia a los populares "Zombies" seguramente, y nos ofrecen, supuestas autopsias y macabras escenas sexuales.
                                                   

En este ambiente, el argumento se desvirtúa y banaliza, los dioses quedan ridiculizados y en el momento culminante, cuando Admeto se entera de que es su mujer la que ha ofrecido su vida por él, una bailarina de flamenco irrumpe en el escenario, batiendo palmas y contoneandose, sin ton ni son, por todo el escenario incluso en los momentos mas dramáticos.

Después de esta falta de respeto a  Gluck, a los espectadores y a Euripídes, muchos de ellos abandonaron su butaca.

Warlikowaki, que había recibido abucheos y pataleos, en la primera función, no salio a saludar.

domingo, 15 de marzo de 2015

Acelgas bellavista

                                                                             

Bonito plato, con mezcla de verdura, frutos secos, pollo y manzana. Rico y facil

Ingredientes

                                                               

4 hojas de acelga
16 aceitunas sin hueso
1 cebolla
1 manzana
150 g de pechuga de pollo
1 puñado de piñones
16 almendras saladas
harina
aceite de oliva
sal

Elaboración


Separar las hojas de las pencas de las acelgas.
Cocer las hojas al vapor.
Pelar y cortar la manzana en daditos.
Cocer las pencas al vapor con un poco de agua y sal.
                                                       

Cortar la pechuga en dados, saltearla, con un chorro de aceite junto con las almendras, los piñones, las pencas, las aceitunas y la manzana, cinco minutos.
                                                   

Cortar la cebolla en aros, pasarlos por harina y freirlos con abundante aceite bien caliente. Escurrirlos sobre papel de cocina.
Colocar cada hoja de acelga en un plato, bien extendida.
Poner encima de cada una el relleno.
Servir acompañado de los aros de cebolla fritos.                                                                                          

domingo, 8 de marzo de 2015

Tortosa

                                                                                   

Cogimos dos autobuses de linea para llegar a Tortosa,  una de las visitas de mas interés para mi, y fácil de llegar desde Peñiscola.

En efecto casi un viaje sentimental, pues yo viví allí parte de mi primera infancia. Mis recuerdos  urbanos son pocos, pero alguno hay. El resto de mis recuerdos son domésticos, y algo de la escuela. Sin embargo en Tortosa aprendí a caminar, a leer y a escribir, y  comence a conocer el mundo, y la verdad es que desde esa ya lejana época, no había vuelto ni por allí, ni por la zona.

Así que cogimos en primer lugar el conocido autobus Peñíscola-Vinaroz, población que se encuentra en el límite con la provincia de Tarragona, y de allí hasta Tortosa. En Vinaroz no hay estación de autobuses; el bus llega a un paraje, desde el que salen vehículos para distintos destinos, indicados en una marquesina, y con un gran olivo como decoración, es decir, que hay que esperar en la calle, sometido a las clemencias o inclemencias del tiempo.

Tras un rato de espera, no muy largo pues nos habíamos informado sobre la hora de salida que nos convenia, salimos en el bus hacia Tortosa. Esta ciudad esta separada de Vinaroz unos 50 km, para lo cual invertimos una hora y veinticinco minutos, pues paramos en todos los pueblos de la ruta, una manera de conocer la comarca, si no se tiene prisa.

De la estación de autobuses, -en Tortosa si que hay- salimos hacia el centro de la ciudad. El día invernal era soleado, pero soplaba un viento fuerte que resultaba desagradable y que nos acompaño todo el día. El río Ebro que discurrre grande y majestuoso por Tortosa lucia magnifico.

Antes de adentrarnos en al ciudad sepamos algo de ella.
                                                                           

Tortosa capital de la comarca del Bajo Ebro tiene unos 37.000 habitantes. Es una ciudad comercial y de servicios, aunque tiene, también, varios polígonos industriales y un importante sector agrícola.

Debido a su ubicación, muy cerca de la desembocadura del río Ebro, ha tenido desde antiguo una gran importancia estratégica, y es uno de los municipios españoles con mas historia, e importantes monumentos, algunos bien conservados y otros, actualmente, en restauración.

Los ilervacones, tribu ibera, ya ocuparon este territorio; fue romanizada después y tuvo rango de municipio, con el nombre de Dertosa Municipium Hiberia Julia Ilervaconia, como se lee en las monedas de la época.

 Por todo el casco antiguo hay lápidas e inscripciones, empleados, mas tarde, en edificaciones medievales, así como numerosas monedas.

Fue importante sede episcopal durante el reino visigodo, que sucedio a los romanos, hasta que fue tomada por los musulmanes en 714, que la hicieron capital de la provincia de Turtusha. Estos edificaron un gran alcázar, aprovechando la fortificación anterior, de origen romano, que se conoce, hoy día, como Castillo de San Juan o de la Zuda.

En 1.148 fue reconquistada por el Señor de Moncada y los Caballeros Templarios, pasando, posteriormente a ser una importante ciudad portuaria, bajo soberanía de los Templarios, hasta que pasa a la Corona de Aragón en 1.294.

Los s.s. XV y XVI, fueron de gran prosperidad para Tortosa, que acabo con la Guerra de los Segadores, que hundio la ciudad en una larga profunda y larga crisis.

Durante la Guerra de Sucesión española tomo partido por el bando del pretendiente, archiduque Carlos de Habsburgo, en contra del ya rey Felipe V, que no la beneficio, al resultar Felipe vencedor.

Durante casi tres años y medio , de 1.811 a 1.815 fue ocupada por el ejercito invasor de Napoleón, sufriendo, como en resto de España, importantes daños.

Las guerras carlistas también supusieron un gran desastre, con matanzas de uno y otro bando.

En la Guerra Civil (1.936-39), Tortosa sufrio grandes daños en su patrimonio monumental, con el saqueo e incendio de los templos, protagonizados por las hordas republicanas, en julio de 1.936, los bombardeos franquistas entre 1.937-38 y la durisima Batalla del Ebro, en 1.938, en la cual fue frente de combate.

En las últimas se ha procedido a un gran trabajo de rehabilitación de su gran patrimonio.

Desde la estación de autobuses llegamos enseguida al Mercado Municipal, importante obra modernista, construida en el antiguo leche del río Ebro, entre 1.884 y 1.887; la estructura metálica que sostiene la cubierta fue diseñado por el arquitecto Juan Torras Guardiola, llamado el "Eiffel catalán", aunque fue Juan Abril el arquitecto municipal que ejecuto la obra.
                                                                   

Su interior, de una sola nave, es un espacio diafano, que presenta las mercaderías de forma atractiva y con bastante arte,tantolas veduras y frutas.

                                                 
Como platos cocinados, toda clase de mermeladas, salsas, especias, etc. como longanizas y bacalao.                                                                            

Nos paseamos por él, contemplando los puestos con interes.

La vista del Ebro desde el Puente donde empieza el caco antiguo es magnifica. A pesar del fuerte viento que soplaba caminamos hasta en centro del puente para ver las dos orillas                                                                                                                       

Seguimos a continuación por la margen del río para llegar a casco antiguo, encontrandonos, en el,paseo fluvial en primer lugar el Palacio de la Diputación,
                                                                           

edificio renacentista construido en el s.XVI, que fue la sede de las Cortes Medievales,de la Aduana y tambien residencia del ilustre médico y bacteriologo Jaime Ferran, descubridor de la vacuna contra el cólera, ademas de otras vacunas contra el tifus y contra la tuberdulosis.

Llegamos enseguida a la catedral, qur junto con el castillo son los dos monumentos medievales mas importantes de la ciudad.
                                                                     

Encontramos la catedral de Santa Maria en plena restauración, de la cual estaba muy necesitada                       

domingo, 1 de marzo de 2015

Crema de chocolate con merengue

                                                                         

Facil y delicioso

Ingredientes

                                                                     

1 l de leche
4 huevos
200 g de azúcar
100 g de harina
1 trozo de cáscara de limón
75 g de cacao en polvo

Elaboración


Mezclar la harina con un poco de leche fría y desleir hasta que quede una mezcla fina-.

Hervir la leche con la cáscara de limón.

Cuando empiece a hervir añadir la harina desleida  y remover 5 minutos mientras hierve. Si se ve que hay grumos de harina, utilizar la batidora eléctrica hasta que quede completamente homogeneo.
                                                           

Separar las yemas de las claras, que quedaran a la espera, y mezclar las yemas con el azúcar y el cacao, añadiendo unas cuantas cucharadas de la leche con harina y cuando este mas suelto verterlo poco a poco en el recipiente de la leche hirviendo, sin dejar de remover.
                                                                     

Cuando rompa de nuevo el hervor retirarlo del fuego y volcarlo en la fuente donde se va a servir.
                                                               

Dejar enfriar y adornarlo con merengue.

Ingredientes para el merengue
                                                     
4 claras
75 g de azúcar

Batir las claras a punto de nieve.
                                                     

Cuando tengan  esa consistencia, agregar poco a poco el azúcar y adornar con ellas la crema de chocolate.